A la madre le dije
Déjalo llorar.
Un perro nunca es sólo un perro ante los ojos de un niño.


A veces un perro es el primer hermano que elegimos
 A veces se transforma en el primer vestigio de la despedida definitiva
A veces arrastra nuestra ternura perpetuándola en la bruma
Mientras la muerte desquebraja la inocencia
Y quien no ha conocido la muerte  la comprende de golpe
Arrancándole del pecho la firmeza de su primer amigo 

¿Nos los recuerdas, jugando en el pasto húmedo
Persiguiendo como hermanos, los mismos rayos del medio día?
¿No lo recuerdas a él, preocupado por  su hambre
Mucho antes de preocuparse por su propia comida?
A veces la muerte transforma la inocencia en amargura
Y quien llora comprende que en la vida nada es para siempre.
 Pues, ¿Cómo decirle  al niño que este adiós es incesante?
¿Cómo decirle que siendo joven, tendrá que llorar por siempre?
¿Cómo decirle que él mismo es tan frágil como aquel por quién llora?
 Cuando envejecemos, más tarde que temprano
Entendemos que la vida  no es más que un espejismo delicado
Tierno y sutil, como un conejo fabricado con nubes
Del que ingenuamente nos hemos enamorado.

A la madre le dije, déjalo llorar.
No lo molestes
 Hoy ha perdido a su primer amigo
Le ha dicho adiós sin entender completamente
 Y esta, su primera despedida, durará por siempre
Pues llorar es el costo  que pagamos, por seguir viviendo.
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 Mientras viva en su casa, mi abuela jamás me dejará escribir tranquilo.

No basta con todas las entradas sorpresa que durante años realizó a mi habitación. Jamás  me encontró viendo pornografía: nunca vio frente a mí algo diferente a mi hoja en blanco, con palabras mediocres a medio llenar. Para defender mi oficio, siempre le alegué que yo no necesitaba estrictamente de la noche para ver algo inmoral. Así que ¿que protegía de mí? ¿mi castidad? ¿mi inocencia? ¿La posibilidad de que fuese yo un hombre bueno según sus preceptos? Trasnochar para ella es un acto extremadamente reprochable. Para ella siempre fui el centro de todas las suspicacias. Ante ella ninguna inocencia fue válida o suficiente. 

Y pese a todo me quiere como nadie jamás me ha querido.

Mucho más profunda que yo en aquel vago vicio colectivo llamado sentido común, supo desde siempre que todo esto de trasnochar y escribir eran pésimos precedentes para mí buen juicio. Por desgracia, así he sido y ella lo sabe; soy un lugar extraño en una casa absolutamente tranquila.  Incluso desde antes de tener mi primer computador, amanecía leyendo mis viejos clásicos de literatura. Hoy quiero dejar una inútil constancia de lo acontecido esta noche, de los alcances de mi molesta grafomanía; estas líneas las escribo desde el baño de mi antigua casa, y no las escribo precisamente desde un portátil. He huido de mi habitación. He huido de la sala, sólo para concederle libertad a quienes duermen. Y tranquilidad a ella. La madre más importante que he tenido en mi vida. Es curioso que mientras mis amigos esperan de sus padres aceptación, yo espero de la mía paciencia y libertad. Mi abuela es mi mujer sagrada, pese a que siempre estuviésemos incomunicados. Y mi mujer sagrada jamás comprenderá la importancia anestésica de este ritual personal, ineludible y necesario. Pensar sin escribir me parece un desperdicio de energía, y yo jamás he dejado de pensar. En definitiva, y siempre ha sido un hecho de público conocimiento; soy una rara mezcla de filósofo y retrasado mental. 

De pequeño, y para alejarme del insomnio, mi abuela llenó la noche de demonios y abominaciones. Me dijo que en la noche el mundo pertenecía al mal y a los espantos; seres benévolos pero terribles que pretendían  recordarle a los cristianos los horrores de no ir por el buen camino. Para ellos, la noche será por siempre sinónimo de pecado. Durante mucho temí ver tras la ventana algo que perturbara mi cordura. El mundo es de los demonios en la noche, y los espantos se alegran haciendo jugarretas a los trasnochadores desprevenidos. Recordándoles el sueño y el buen camino. La noche es para los lujuriosos y los ladrones. Los ladrones son, a la final, los únicos espantos que me aterran mientras escribo.

Las brujas son seres sexuales, malvados y odiosos, y pueden transformarse en animales luego de renegar de cristo.  Invaden los tejados a la madrugada repartiendo maleficios. A la hora de la metamorfosis, sus animales favoritos son la pisca y la mariposa negra.
Nunca he visto una pisca volar, pero las mariposas negras son comunes en cualquier casa, y aún hoy me producen escalofríos y malos presentimientos.
 Aunque lo confieso; hace mucho, regresando a media noche de la casa de mi amigo Yesid, vi a una enorme pisca cruzar deprisa la carretera. Incapaz de realizar al respecto un juicio definitivo o de si quiera explicar qué hacía una pisca a esas horas en la calle, decidí  decirle adiós con la mano, en señal de lúcida y juiciosa simpatía.
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No había pensado en ello hasta que vi a un hombre humildemente vestido camino a la ASAB, con un reguero de novelas baratas en el suelo. Un hombre mucho más tímido que la mayoría de vendedores de libros que conozco. Y Tan humilde como cualquiera, pero con cierto peso de dignidad en su mercancía. Parecía orgulloso. No logré verle más que uno o dos clientes. Y en medio de su reguero, identifiqué un par de títulos, y por ello generalicé a todos los demás. frente a la pregunta ¿no se lee hoy en día? pensemos en ese vendedor. Esas novelas pertenecen a escritores de segunda y tercera linea. No había en su montón un sólo clásico. Y sin embargo estaba ahí, sentado en el suelo, con la dignidad que posee cualquier otro vendedor; sobreviviendo.

Las novelas baratas poseen una reputación inferior a la de los clásicos. Es muy fácil vender a Madame bobary de flaubert. No es sencillo vender a Monsegnore, de Jack-Alain Léger, porque aunque la vendas a dos mil pesos, no tienes una reputación de por medio que siembre interés en tu comprador. Pero fuera de los círculos académicos, fuera de la majadería de los lectores cebados, fuera de la impertinencia intelectualoide, puedo imaginar una literatura de barrio entre viejos tenderos bigotudos, una literatura que apeste a cañería, una reputación erótica y violenta, pero, ¿quienes son los compradores de esta literatura olvidada? ¿cuales son sus pretextos literarios? ¿cuales son sus necesidades? ¿que historias desean leer? 

Tengo ganas de sentarme una tarde cualquiera a observar a esos compradores.

Si no se leyera, como suponen los mercados editoriales de lo nuevo y lo inútil, estos vendedores no existirían. Sin embargo proliferan por toda la ciudad. Son hombres tímidos de mirada inteligente. Puede que la mayoría no conozcan lo que han vendido, pero uno que otro sabe como vender un libro, conoce su propósito o su importancia. Y cada día son más.

Son tan importantes, tan humildes y tan tímidos.

Esta sensación me produce cierta tranquilidad. Definitivamente, el mundo no le cabe en la cabeza a cualquiera.
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No soy un alérgico a los Best- seller, por patéticos que sean, siempre y cuando al menos posean la capacidad de distraer (creo importante aclarar que no todos los libros bien vendidos son malos) Por eso, y sólo por eso, no tengo miedo a decir; me gusta Katherine Neville. Es probable que el 70 % por ciento de su escritura sea insostenible, pero eso no evita que me guste. Me deleita su literatura esotérica y descuidada, sus personajes masculinos oníricos, ricos, perfumados y perfectos, imposibles y tan obvios en una escritora femenina, y me fascina su capacidad para manipular la documentación. En ello es una escritora sagaz y talentosa. Me gusta porque lejos de considerarse literatura esotérica, las suyas siempre estarán más cerca de ser catalogadas novelas policíacas. Como el código da vinci (cuya calidad literaria a la final triplica) Me gusta su descripción potente y ligera; desde un principio busqué en ella, más que un análisis de la profundidad humana, una simple y productiva novela para distraerme; eso fue el ocho. ¡Y vaya que me la disfruté! Fue la novela más gorda que me leí de niño. Tendría yo unos once años. Y lo que realmente me impactó fue su concepto sobre la documentación; su talento para entrecruzar hechos históricos. Hace mucho tiempo, en una entrevista que leí sobre ella, dijo algo así como “la vida como el arte de documentarse” este principio es quizás su talento más profundo. Por ello, hace escasos minutos, terminé la lectura de su primera novela “el circulo mágico”


 Creo que si en vez de ser escritora, hubiese deseado montar algún tipo de culto o sociedad secreta, le habría ido de maravilla. He leído a teósofos y ocultistas como Helena Blavatsky y a Fulcanelli, también algo de Guenón y hasta Pier Carpi; la mayoría de tesis teosóficas son insostenibles, por no decir estúpidas e insustanciales. Blavatsky es experta en sobreponer información, en descontextualizarla dados sus propósitos y llevarla a lo absurdo, pero siempre lo hace mal. Fulcanelli posee un poco más de sagacidad, o en realidad, de elegancia; pero sus tretas son simples y favorablemente simbólicas. Lo simbólico todo lo soportan, dada la diversidad de significados que un solo símbolo podría tener. Pero, ¿cautiva alguno de estos charlatanes junto a Neville? Yo diría que no.

Contextualizando, la carga de esoterismo en sus libros es alta, pero la realidad del mismo siempre permanece dentro de la fábula. Neville jamás ha insinuado siquiera que alguna de sus historias sea cierta; no en el contexto de “vendedores de verdades ocultas” su definición, como ya lo dije, fue la de entrecruzar información, documentación, hasta construir una historia, una historia creíble; en esencia mantiene el mismo principio anti- iniciativo que Humberto Eco promueve en El péndulo de Foucault.

La novela policíaca esotérica esta sobrevalorada por las ventas y subvalorada por la critica. No es tan mala, ni tan irritante, os lo aseguro.

Aunque un hecho de la crítica general es cierto; la novela esotérica le ha hecho mucho daño a la novela histórica. ¿Por que? Por que posee un margen demasiado limitado de hechos para descubrir. Y caen con facilidad en la repetición. He leído unas seis novelas de “misterio” que básicamente poseen la misma estructura narrativa; un secreto, un hombre no iniciado que cae dentro de una conspiración, una linda señorita y un asesino excéntrico tras ellos. El secreto puede revelarse o no; novelas como “el día de la confesión” de Allan Folsom he visto en las librerías “la clave de salomón” de Richard Weber y “el código de Newton” de Richard Flynn “el secreto de einstein” todos siguen exactamente la misma estructura. Este tipo de literatura se ha convertido verdaderamente en una plantilla insoportable. Si les uno los leerás todos, y realmente llega a irritarte semejante falta de imaginación.




¿Que le puede quedar entonces a los entusiastas de este genero? Un perfil asfixiantemente limitado de temas y una línea aún más limitada de novelas idénticas. A veces, este problema es casi trasplantado de la novela policíaca, tan limitada en aquello del asesinato, el complot y el detective bueno y problemático. Aunque Neville, dentro de su misma obra, no innova demasiado, si es parcialmente diferente a quienes repiten, y repiten y repiten.






Les dejo aquí una entrevista. Me parece una señora encantadora.




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Hace mas o menos un año llegó a mis manos “las vidas de pedro Antonio Marín Alias Manuel Marulanda Velez” Libro que supe censurado políticamente en el país, y por ese simple hecho lo leí. Aclaro; sin ningún tipo de prejuicio político, y  sinceramente me encantó. Durante tiempo atrás buscaba un antecedente a una tradición estética que se distanciara del “realismo mágico” con la que geográficamente no tengo nada en común, para que me alimentara a su vez  con algo de lo que yo mismo he vivido. El único antecedente estético por mi conocido eran “los ejércitos” de Evelio Rosero.

Alape fue una respuesta feliz a esa expectativa.  Encontré en él una prosa delicada y descriptiva, tan cercana a mí que me sentí físicamente y moralmente golpeado por su narrativa. Lo que comprendo estéticamente de país estaba retratado por su estilo, con elegancia, con certera desesperación. En él hay casi un paso entre la locura y las armas. Es probable que el antecedente más importante tras él sea la Vorágine, de Rivera.

El poder, la desesperanza y la brutalidad de la violencia. Una Colombia de caminos cortos, que siguió existiendo enterrada viva. Una brutalidad seca que es como una mordaza en la boca, como un codazo de un brazo fuerte. El silencio de fondo del campo colombiano, de la montaña, o mejor aún; el ruido de fondo. Y es que, no puedo hablarles  sin citarlo. Les daré un ejemplo simple. Alape describe así el miedo

“En Cali, entonces, confluyen los miedos que cargan como amuletos sobre la conciencia, los  exiliados de la cordillera; lo único que los hace sentir que están vivos, aunque tiemblen de  pies a corazón y en sus cerebros acechen sombras que invaden sin misericordia los eternos pasadizos de la imaginación. Miedo a que un cafeto en la noche sea un hombre agazapado;  miedo a pensar en un disparo de revólver, cuando se escuchan los ruidos de los árboles pepeando en la madrugada; miedo a confundir con otras huellas, las huellas recientemente  pisadas; miedo a cruzar palabra con el vecino que también ya desconfía de el; miedo a que  les señalen los ojos en el pueblo; miedo al crujir de las llamas apenas se levantan en el  fogón; miedo a la inundación de la oscuridad; miedo a la lluvia que cae con benevolencia  sobre el techo de cinc; miedo al escuchar el llanto lejano de un niño; miedo que al rasgar de  una guitarra entonando una canción restituya recuerdos perdidos; miedo a las voces que llegan a llamar en la noche en la puerta del rancho; miedo a que pronuncien el nombre y el  apellido a deshoras; miedo a perder en un segundo muchos años de compañía de la familia;  miedo de voltearse en la cama y no encontrar el calor de la mujer; miedo a que la sombra se  disfrace de otro cuerpo; miedo a no volver a pisar la tierra y olvidar, porque el olvido es un alivio, que esa tierra un día le dio la cosecha; miedo a no atinar sobre el tronco con el  hacha; miedo a perder la vida sin el más mínimo gesto y un último grito de agonía; miedo a  dejar de ser en otras distancias; en fin, miedo al miedo que desgasta el sudor del hombre y  enceniza la riza”


¿Pueden notarlo? Hay algo realmente vivo allí dentro. Una realidad entera comprimida en un párrafo. Algo realmente doloroso. Yo, muy feliz por mi descubrimiento, sentí que de verdad era algo digno de imitarse en la literatura. Durante todo el libro, que circula por la ya conocida vida de tirofijo, está también presente Colombia, la selva, la tradición campesina, los conflictos entre ese campesino acorralado y el estado, el conflicto y la insignificancia de ese hombre - soldado – guerrillero con la selva misma, con su despiadada oscuridad, con su crueldad tan aplastante, que nos hace humildes y fuertes;en él hay un pedazo importante de nuestra historia no contada. Alape es sin duda alguna un escritor subvalorado.

No hay que ignorar tampoco su profundo sentido periodístico. Alape logra equilibrar a la perfección la investigación y la literatura. En todo el libro esta presente un muy bien logrado principio de documentación. Este respeto tanto por la estética como por la verdad histórica es único en nuestra literatura contemporánea. 

Así que me dediqué a buscar más libros de Alape. Sólo encontré uno, evidentemente no político. El cadáver de los hombres invisibles, un ejemplar metafórico, no tan contundente como el anterior. Son un conjunto de narraciones selváticas que encantan por su poética fuerte. En él está también la voz campesina, el sonido de la lluvia y sobre todo,  por su humanidad acorralada y sudorosa, la selva, la indomable, la mortífera, la que no considera, la grandeza verde despiadada y oscura, el misterioso universo de la desolación guerrillera. Estás metáforas, podría decirse, son no políticas, pero en realidad si lo son. Pero hay que decirlo en voz baja, para que los represores no nos escuchen XD

finalmente, les recomiendo este blog. Temática sobre el escritor. 

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Quiero hablarles de muchas cosas. No he comprendido una gran parte de ellas.

 Algunas estaban escritas en mi libreta. Ideas imposibles que se supone no debería olvidar. Esa era toda la función que debía cumplir  ese cúmulo de papel, esa memoria sin forma; conservar. Sólo eso puede pedírsele. Porque uno debe pensar por ella. Debe actuar en consecuencia en cada una de sus páginas, en cada uno de sus reglones. Tengo un millón de libretas guardadas en la basura, con frases estúpidas conservadas para una posteridad inexistente, que nadie jamás leerá. Así esta mejor. Un escritor debería estar más satisfecho si toda su obra se pierde y su nombre queda entredicho, nombrado, susurrado, pero jamás comprendido. Epicuro es afortunado al quedar como un fantasma prolífico perdido entre la amnesia saludable de la historia.

Casi es una vergüenza que tus palabras se perpetúen. Que sean usadas sin tus legítimas intenciones. Que otros las deshagan y las manipulen. Tú estás siempre indefenso ante toda manipulación, ante toda vejación contra lo más sagrado en ti; el sentido, el significado. Permitir que la humanidad entera te prostituya no es más que un acto legítimo de amor. Como el de bola de cebo. Son inevitables luego las lágrimas y los arrepentimientos.

Hoy me siento realmente un nihilista. Un nihilista de fuego, ateo, inmoral. Un hombre libre.

Luego de aquella libertad debe construirse algo. Sólo la delimitación libra al individuo de ahogarse en la nada.  La idea en realidad no me molesta. Nada más saludable que un poco de dolor, y un poco de ahogamiento. Egoísmo racional. Egoísmo hedonista.

En todos los días de ocio desperdigados por mi vida, en donde abundan las depresiones injustificables y la migraña, en donde pasé uno que otro instante vendiéndole mi inútil tiempo a otro, en donde me conecté a esa salvaje alucinación denominada producción, en todos aquellos días nada de lo que soy yo mismo tuvo un significado.  Los sentidos absolutos se atrofiaron con la muerte de dios.

No mucho que decir luego de una noche de lecturas.  Se ha perpetuado la sensación de que ya nada queda por objetarse. Al menos en mi tablero de ajedrez, el mundo ha ganado la batalla.
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El final de “Silent Hill” siempre me ha resultado encantador.

Ahora, cometeré lo que solemos llamar “una lobada” es decir, referenciaré un producto norteamericano con una historia típicamente colombiana. Semejante mezcla siempre suele dejar un profundo sinsabor en la garganta.

Fuera del pésimo guión, y de algunas malas actuaciones, Silent Hill me encanta. Siempre la he tomado como predilecta por la tonalidad de su atmósfera, y por ser una crítica "contundente" al fanatismo religioso.

 Además adoro el infierno, el pecado, los fantasmas, todo aquello que demarca también algunos de mis miedos personales y que me devuelven en algo a las historias que viví de pequeño. La historia de la religión católica y sus métodos de control. Armero es un símbolo de la muerte; a su alrededor rondan charlatanes como buitres sobre la carne descompuesta.

No podría relacionar las dos historias sin la anécdota del padre Pedro María Ramírez Ramos, asesinado el 10 de abril de 1948  a machetazos. Mis abuelos, fanáticos de aquel santo, siempre me dijeron “la desgracia cayó sobre armero desde el día que los liberales lo asesinaron”

Aquel fue el gran e imperdonable crimen liberal.  La mancha de la culpa que cae sobre un pueblo entero. A quien le importa si mueren inocentes o no. La perturbación de un santo merece en sí un buen acto de crueldad divina. Nunca he logrado averiguar que tanto mérito tuvo su asesinato. Eso me remitiría a empolvados archivos que no he leído. 

Hará unos diez años vi un artículo del espacio que hablaba de un médium y su experiencia en Armero Tolima, pueblo que fue devastado por una erupción la noche del 13 de noviembre de 1985. Semejante  ridícula idea me fascinó.

Según el médium, las personas en Armero seguían viviendo vidas normales, ignorando totalmente lo que había sucedido. “pudo ser para ellos sólo una pesadilla”  decía “ellos no recuerdan, y no han salido de su pequeña cárcel,  viven y cada una de sus cosas siguen  atadas a un día eterno”

Aquel buen charlatán encontró una excelente justificación para conmover a todas las personas que perdieron  un ser querido en Armero. Y aunque sea un canalla su argumento me encantó desde la primera vez que lo escuché. Desgraciadamente lo que pude yo imaginar a nivel literario ya está reducido al argumento central de “Silent Hill” No quiero promover ese tipo de farsas, pero me siento a gusto con la historia. Desde Sodoma y Gomorra, me han fascinado las historias de los pueblos destruidos.
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