jueves, 4 de agosto de 2011

Ataraxia y padecimiento.


Quiero hablarles de muchas cosas. No he comprendido una gran parte de ellas.

 Algunas estaban escritas en mi libreta. Ideas imposibles que se supone no debería olvidar. Esa era toda la función que debía cumplir  ese cúmulo de papel, esa memoria sin forma; conservar. Sólo eso puede pedírsele. Porque uno debe pensar por ella. Debe actuar en consecuencia en cada una de sus páginas, en cada uno de sus reglones. Tengo un millón de libretas guardadas en la basura, con frases estúpidas conservadas para una posteridad inexistente, que nadie jamás leerá. Así esta mejor. Un escritor debería estar más satisfecho si toda su obra se pierde y su nombre queda entredicho, nombrado, susurrado, pero jamás comprendido. Epicuro es afortunado al quedar como un fantasma prolífico perdido entre la amnesia saludable de la historia.

Casi es una vergüenza que tus palabras se perpetúen. Que sean usadas sin tus legítimas intenciones. Que otros las deshagan y las manipulen. Tú estás siempre indefenso ante toda manipulación, ante toda vejación contra lo más sagrado en ti; el sentido, el significado. Permitir que la humanidad entera te prostituya no es más que un acto legítimo de amor. Como el de bola de cebo. Son inevitables luego las lágrimas y los arrepentimientos.

Hoy me siento realmente un nihilista. Un nihilista de fuego, ateo, inmoral. Un hombre libre.

Luego de aquella libertad debe construirse algo. Sólo la delimitación libra al individuo de ahogarse en la nada.  La idea en realidad no me molesta. Nada más saludable que un poco de dolor, y un poco de ahogamiento. Egoísmo racional. Egoísmo hedonista.

En todos los días de ocio desperdigados por mi vida, en donde abundan las depresiones injustificables y la migraña, en donde pasé uno que otro instante vendiéndole mi inútil tiempo a otro, en donde me conecté a esa salvaje alucinación denominada producción, en todos aquellos días nada de lo que soy yo mismo tuvo un significado.  Los sentidos absolutos se atrofiaron con la muerte de dios.

No mucho que decir luego de una noche de lecturas.  Se ha perpetuado la sensación de que ya nada queda por objetarse. Al menos en mi tablero de ajedrez, el mundo ha ganado la batalla.
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