viernes, 26 de agosto de 2011

La revelación estética de Arturo Alape






Hace mas o menos un año llegó a mis manos “las vidas de pedro Antonio Marín Alias Manuel Marulanda Velez” Libro que supe censurado políticamente en el país, y por ese simple hecho lo leí. Aclaro; sin ningún tipo de prejuicio político, y  sinceramente me encantó. Durante tiempo atrás buscaba un antecedente a una tradición estética que se distanciara del “realismo mágico” con la que geográficamente no tengo nada en común, para que me alimentara a su vez  con algo de lo que yo mismo he vivido. El único antecedente estético por mi conocido eran “los ejércitos” de Evelio Rosero.

Alape fue una respuesta feliz a esa expectativa.  Encontré en él una prosa delicada y descriptiva, tan cercana a mí que me sentí físicamente y moralmente golpeado por su narrativa. Lo que comprendo estéticamente de país estaba retratado por su estilo, con elegancia, con certera desesperación. En él hay casi un paso entre la locura y las armas. Es probable que el antecedente más importante tras él sea la Vorágine, de Rivera.

El poder, la desesperanza y la brutalidad de la violencia. Una Colombia de caminos cortos, que siguió existiendo enterrada viva. Una brutalidad seca que es como una mordaza en la boca, como un codazo de un brazo fuerte. El silencio de fondo del campo colombiano, de la montaña, o mejor aún; el ruido de fondo. Y es que, no puedo hablarles  sin citarlo. Les daré un ejemplo simple. Alape describe así el miedo

“En Cali, entonces, confluyen los miedos que cargan como amuletos sobre la conciencia, los  exiliados de la cordillera; lo único que los hace sentir que están vivos, aunque tiemblen de  pies a corazón y en sus cerebros acechen sombras que invaden sin misericordia los eternos pasadizos de la imaginación. Miedo a que un cafeto en la noche sea un hombre agazapado;  miedo a pensar en un disparo de revólver, cuando se escuchan los ruidos de los árboles pepeando en la madrugada; miedo a confundir con otras huellas, las huellas recientemente  pisadas; miedo a cruzar palabra con el vecino que también ya desconfía de el; miedo a que  les señalen los ojos en el pueblo; miedo al crujir de las llamas apenas se levantan en el  fogón; miedo a la inundación de la oscuridad; miedo a la lluvia que cae con benevolencia  sobre el techo de cinc; miedo al escuchar el llanto lejano de un niño; miedo que al rasgar de  una guitarra entonando una canción restituya recuerdos perdidos; miedo a las voces que llegan a llamar en la noche en la puerta del rancho; miedo a que pronuncien el nombre y el  apellido a deshoras; miedo a perder en un segundo muchos años de compañía de la familia;  miedo de voltearse en la cama y no encontrar el calor de la mujer; miedo a que la sombra se  disfrace de otro cuerpo; miedo a no volver a pisar la tierra y olvidar, porque el olvido es un alivio, que esa tierra un día le dio la cosecha; miedo a no atinar sobre el tronco con el  hacha; miedo a perder la vida sin el más mínimo gesto y un último grito de agonía; miedo a  dejar de ser en otras distancias; en fin, miedo al miedo que desgasta el sudor del hombre y  enceniza la riza”


¿Pueden notarlo? Hay algo realmente vivo allí dentro. Una realidad entera comprimida en un párrafo. Algo realmente doloroso. Yo, muy feliz por mi descubrimiento, sentí que de verdad era algo digno de imitarse en la literatura. Durante todo el libro, que circula por la ya conocida vida de tirofijo, está también presente Colombia, la selva, la tradición campesina, los conflictos entre ese campesino acorralado y el estado, el conflicto y la insignificancia de ese hombre - soldado – guerrillero con la selva misma, con su despiadada oscuridad, con su crueldad tan aplastante, que nos hace humildes y fuertes;en él hay un pedazo importante de nuestra historia no contada. Alape es sin duda alguna un escritor subvalorado.

No hay que ignorar tampoco su profundo sentido periodístico. Alape logra equilibrar a la perfección la investigación y la literatura. En todo el libro esta presente un muy bien logrado principio de documentación. Este respeto tanto por la estética como por la verdad histórica es único en nuestra literatura contemporánea. 

Así que me dediqué a buscar más libros de Alape. Sólo encontré uno, evidentemente no político. El cadáver de los hombres invisibles, un ejemplar metafórico, no tan contundente como el anterior. Son un conjunto de narraciones selváticas que encantan por su poética fuerte. En él está también la voz campesina, el sonido de la lluvia y sobre todo,  por su humanidad acorralada y sudorosa, la selva, la indomable, la mortífera, la que no considera, la grandeza verde despiadada y oscura, el misterioso universo de la desolación guerrillera. Estás metáforas, podría decirse, son no políticas, pero en realidad si lo son. Pero hay que decirlo en voz baja, para que los represores no nos escuchen XD

finalmente, les recomiendo este blog. Temática sobre el escritor. 

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