sábado, 8 de octubre de 2011

¿ puedes comprender la dimensión del mercado de libros viejos?



No había pensado en ello hasta que vi a un hombre humildemente vestido camino a la ASAB, con un reguero de novelas baratas en el suelo. Un hombre mucho más tímido que la mayoría de vendedores de libros que conozco. Y Tan humilde como cualquiera, pero con cierto peso de dignidad en su mercancía. Parecía orgulloso. No logré verle más que uno o dos clientes. Y en medio de su reguero, identifiqué un par de títulos, y por ello generalicé a todos los demás. frente a la pregunta ¿no se lee hoy en día? pensemos en ese vendedor. Esas novelas pertenecen a escritores de segunda y tercera linea. No había en su montón un sólo clásico. Y sin embargo estaba ahí, sentado en el suelo, con la dignidad que posee cualquier otro vendedor; sobreviviendo.

Las novelas baratas poseen una reputación inferior a la de los clásicos. Es muy fácil vender a Madame bobary de flaubert. No es sencillo vender a Monsegnore, de Jack-Alain Léger, porque aunque la vendas a dos mil pesos, no tienes una reputación de por medio que siembre interés en tu comprador. Pero fuera de los círculos académicos, fuera de la majadería de los lectores cebados, fuera de la impertinencia intelectualoide, puedo imaginar una literatura de barrio entre viejos tenderos bigotudos, una literatura que apeste a cañería, una reputación erótica y violenta, pero, ¿quienes son los compradores de esta literatura olvidada? ¿cuales son sus pretextos literarios? ¿cuales son sus necesidades? ¿que historias desean leer? 

Tengo ganas de sentarme una tarde cualquiera a observar a esos compradores.

Si no se leyera, como suponen los mercados editoriales de lo nuevo y lo inútil, estos vendedores no existirían. Sin embargo proliferan por toda la ciudad. Son hombres tímidos de mirada inteligente. Puede que la mayoría no conozcan lo que han vendido, pero uno que otro sabe como vender un libro, conoce su propósito o su importancia. Y cada día son más.

Son tan importantes, tan humildes y tan tímidos.

Esta sensación me produce cierta tranquilidad. Definitivamente, el mundo no le cabe en la cabeza a cualquiera.
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