domingo, 22 de abril de 2012

El rostro ¿el órgano del yo?


El rostro ¿el órgano del yo?



Me he tropezado con “masacre en Texas, el origen” una película terriblemente aburridora que sin embargo me pone a pensar un poco sobre el sentido mismo del Leatherface y la locura de Ed Gein (psicópata que inspiró la película) Creo que tras la popularización del trasplante de rostro posterior al caso de la francesa Isabelle Dinoire en el dos mil cinco cabe preguntarse un poco sobre la función  del rostro en la identidad cultural.


Gein se hizo famoso por tener un montón de objetos construidos con piel y huesos humanos, entre ellos, una máscara con la piel del rostro extraída de su madre. A diferencia de su representación cinematográfica, no tenía una monstruosidad exterior que justificara de manera obvia su bien conocida malformación moral, pero pensarle cuestiona un poco la visión de la identidad y su juicio biológico  presentados en “el cerebro y el mito del yo” del científico Rodolfo Llinás, libro que he cargado en mi bolso por más de una semana sin ir más allá del prólogo y que por lo tanto no puedo comprometer con él mis opiniones.


Pero creo, nuestra cultura,  forzosamente superficial, asume el yo no como el cerebro (un órgano de apariencia universal e impersonal) si no como el rostro; siempre ha bastado una máscara para ser otro. LeatherFace (literalmente, cara de piel o cara de cuero) es una representación del deseo de ser otro llevado a sus últimas consecuencias, deseo justificado por el repudio de una malformación congénita…por eso me resulta un personaje tan torpe y encantador, pero no tan perturbador moralmente como el verdadero Gein. Evidentemente el cine norteamericano no ha sabido extraerle el jugo a una idea tan repelente como una máscara de piel humana portada por un ser humano deforme interiormente, pese a que la idea casi que camina sola.

Pero, ¿tras asumir un rostro distinto se asume también una identidad diferente? ¿Qué implica llevar el rostro para la visión de individuo que tenga el portador? ¿Qué sentirán al verle sus seres queridos? (tanto del donante como del nuevo usuario)

Sin duda alguna el yo está alojado en el cerebro, pero nuestra representación cultural se queda  con el rostro. Ese es el sentido estricto de la máscara tradicional, pero, ¿y una máscara real? ¿Cuál será el efecto social y psicológico que generará esta extraordinaria trasformación?




La supresión química de dios viene tras la supresión química de la adicción a las drogas. Este fue el resultado de una investigación de los setenta desarrollada por  la universidad de Berlín, que fue clausurada por sus consecuencias éticas, pese a sus buenas intenciones iniciales. Sin embargo, parte de su legado siguió desarrollándose en chile, en donde en el 2005 se extrajo la declaración más esperanzadora referente a los casos patológicos de la adicción “ la cura de la adicción tras una cirugía” no he seguido con atención este caso, pero aún se recuerda la consecuencia inicial de la primera investigación alemana; el sector que controla el sentido religioso es el mismo que controla la adicción y están emparentados con la forma en la que el cerebro libera el estrés según la investigación presentada hace dos años por  Michael McGuire y  Lionel Tiger en su libro “the god`s brain” cosa extraña; este libro que pareciera favorecer superficialmente el pensamiento lógico coloca el ateísmo como una postura patológica e inferior evolutivamente a la religión, pues ninguna manera alterna para liberar la tensión es tan efectiva como la religiosidad “ ni siquiera las drogas”…cosa que se conecta con el tercer tema a tratar esta semana, que pese a todo dejaré para después.
  
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