lunes, 25 de junio de 2012

El Sexo y la soledad


Hablaba con Sofía hace un par de horas. De manera resumida me contó todos sus dilemas sentimentales y de lo activa que se hizo de golpe su vida sexual. No hablábamos desde hace un semestre, es curioso; todo lo que me contó me dio a entender que en la estructura misma de su vida se había realizado un cambio profundo en donde había saltado de una incertidumbre a otra. De la soledad a la confusión. Yo, sin querer desmotivarla, le dije una cruenta verdad; “bienvenida a la vida adulta” ella sonrió. Supongo que no había racionalizado todos aquellos cambios hasta conversar conmigo.

Mi amiga Sofía posee un defecto; tuvo una infancia feliz. No es que  precisamente se sienta sola, pero  me causó esa sensación toda nuestra conversación; ella suele ser integra e independiente, y pareciera al vivir que no carga con deudas de su pasado. En vez de existir para solucionar viejos conflictos su verdadera búsqueda está en la experimentación; aprender, creo, es su primera necesidad; su vida se vuelve un proyecto a largo plazo en donde “ aprender” y “hacer” son las principales cuestiones. Tiene un comportamiento levemente errático pero coherente en ese aspecto; como todos, padece de ese “agujero en el alma” que busca ser llenado con la complementación de otro. Es una chica inteligente, pero esa inteligencia la hace, a largo plazo, un ser evasivamente solitario.  Escuchándole recordé un poco mi propia vida, porque por algún defecto moral congénito no puedo entenderme si no veo mis defectos reflejados en otra persona: Con algo de gravedad, la amnesia de los crímenes propios nos ayuda a juzgar los ajenos.

“El agujero en el alma” mi amiga marlyn lo escribió hace muchos años en mi cuaderno, mucho antes de que yo mismo pudiese entenderlo. La necesidad de los otros, a veces abstracta o a veces personificada.  Su sentido, asumimos entonces, es estrictamente genital; necesitamos a otros porque es nuestro deber reproducirnos. O como dice una de las frases más horrorosas e influyentes de mi vida, de Richard Dawkins “los organismos son máquinas inventadas por los genes para perpetuarse indefinidamente”

Parados desde el mecanicismo puro la sexualidad es. a su medida, un crimen estético.  Lo descubrí un poco al escucharle; esa sexualidad desordenada que apenas y puede justificarse con el apetito, y que carece de símbolos porque en realidad nada representa,  pues en su forma desabrida y analgésica carece de espíritu. El desdén por el amante y por su cuerpo, por su moral, por sus excreciones, esa sensación de analgésico que disuade la verdadera soledad. ¿Que buscamos exactamente con el amor?  La literatura del siglo veinte introdujo en su afán de sinceridad una cuota tajante de sexualidad, al punto de que  un escritor de la talla de Asimov fue criticado por evadirle…Sólo Houellebecq supo convertir aquel afán inútil en una genuina señal de desesperación. Cuando se habla de darle un sentido metafísico al hombre la sexualidad en sí es una vaca pesada y babosa. Para que signifique algo hay que darle un sentido o hacerle repulsiva, maquinal, arbitraria.

En el sexo sólo la ternura puede librarnos de lo absurdo… la ternura o la animalidad pura; amén a que hay gente que disfruta de la animalidad sexual como es debido, cosa que en realidad, no es mi caso.

La representación de la sexualidad como una equivocación es un artilugio estético del patetismo de nuestro tiempo. En la época en donde la moral cristiana castraba a las sociedades occidentales, el sexo era un sinónimo de sublevación. Ese tiempo ha concluido. Al referirme a la sexualidad no hablo de cualquier versión del sexo, amoroso, anacrónico, tradicional o nuevo, hablo del sexo por fuera del amor. Creo que nos inventamos al amor para no odiarnos mientras copulamos, pues en el sexo violamos la individualidad para convertirnos en otra cosa. Esa violación posee un sentido en el artilugio teórico llamado amor, pero por fuera de él, y sustentado sólo en el placer, el sexo tiene la sensación de allanar un vacío. Es un analgésico, un remedio que no nos lleva a ningún sitio… y que inútiles parecen los actos y  las objeciones que no son absolutas. “Lo que ocurre una sola vez, es como si no hubiese sucedido”  como escribió Kundera alguna vez… ¿siendo el sexo y el orgasmo, gracias a su inmediatez, objetos de tanta levedad, porqué les otorgamos, con el amor, tanta pesadez
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1 comentarios:

Uly de la Cruz Lira dijo...

Ahora estoy en un punto en el que casi dependo del sexo, porque me siento un vacío de amor o afecto, y por un momento, como dices, el sexo funciona como un analgésico, pero al igual que estos, su efecto no es algo duradero.