miércoles, 3 de octubre de 2012

Parábola sobre la Soledad.


El experimento del que voy a hablarles toma la siguiente argumentación.



El sujeto A llega a un entorno completamente desconocido con poca comida y una abrumadora soledad. Aunque no tiene memoria del pasado decide recorrer el terreno y se percata de que no cuenta con mucha movilidad. Descubre que habita una isla sin mucha extensión, con pocos árboles y pocos animales, hace un rápido inventario y concluye, es suficiente para sobrevivir. De vez en cuando llegan mensajes del mundo exterior que en realidad nunca van dirigidos a él (y al no existir evidencias de una conversación o de cualquier tipo de inteligencia fuera de la isla, el individuo A puede imaginar que la humanidad ha desaparecido, y que él, por ende, es el último sobreviviente) El sujeto A deja pasar el tiempo en aquel escenario, deambulando y durmiendo a veces, comiendo en otras ocasiones, y de él se apodera una poderosa sensación de aburrimiento. Cuenta con materiales para recrear aquel ruido exterior, aquel mundo que le atrae por simple curiosidad pero al cual no tiene ningún acceso. Tiene además un cuchillo ¿que hacer en la absoluta soledad? Pienso en un entorno apocalíptico, en algún trasfondo extraño, engañoso en donde el sujeto piense que el escenario  en el cual  deambula es una recreación de la realidad. El cuchillo entonces sería la única salida, pero si el escenario es la única realidad el cuchillo sólo sería una estupidez. Sin embargo, imaginar mundos externos a ese diminuto escenario hace que el sujeto A alivie la sensación de claustrofobia.  Otra cosa es que piense que un día será rescatado; entonces sólo tendría que dormir y comer hasta el momento oportuno. Sin embargo, pensemos en que ninguna alternativa de fuga es posible, y que el Sujeto A está completamente solo en aquel escenario, en aquel universo y que no hay una salida ni un mundo exterior, así que todo lo que haga de antemano es inútil. Su estética y su terquedad carecerán de sentido. En ese aspecto, considero que toda individualidad conlleva indirectamente a la soledad, y que el sujeto A podría ser una parábola del hombre contemporáneo. Su única posibilidad de encontrar voluntad de acción consiste en la posibilidad de idealizar el mundo exterior a él e imaginar que su obra, su placer y su existencia poseen un sentido. Por otra parte, ¿y que sucede con la belleza y con el arte? ¿El sujeto A podría construir una escultura, escribir una novela, o componer una canción si sabe de antemano que nadie diferente a él va a percibirles? ¿Que sentido tendría todo ello? ¿El sujeto A siquiera concebiría ese interés? Creo que sin la posibilidad de comunicar el arte es una completa pérdida de tiempo, y que en la soledad absoluta sólo parece importante la distancia que exista entre el cuchillo y el presente. 
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3 comentarios:

Anybody dijo...

¿Y qué hay sobre crear un amigo imaginario, un otro yo?... un alguien quién vive internamente en ti y que a su vez es diferente a ti. Alguien que puede juzgarte, castigarte, premiarte...

Anybody dijo...

¿Y qué hay sobre crear un amigo imaginario, un otro yo?... un alguien quién vive internamente en ti y que a su vez es diferente a ti. Alguien que puede juzgarte, castigarte, premiarte...

Oscar M Corzo dijo...

es una pregunta desconcertante pero deprimente. Un amigo imaginario carece de la incertidumbre necesaria para que la comunicación sea mínimamente emocionante (si dos personas descubren que en esencia piensan lo mismo, de repente ya no sienten deseos de comunicarse) la comunicación entonces requiere del ejercicio de cierta individualidad, por mínima que sea, de cierta incertidumbre. Y sin embargo puede que la imaginación, en cierto modo, alivie la soledad, pero nada se construiría a partir de un ejercicio tan analgésico. Es posible que el sujeto A desarrolle un amigo imaginario si le teme al suicidio, pero será evidente que no descubrirá nada.