Aunque no vayamos a las armas la política siempre será un acto de guerra contra el opositor. Llevamos a las urnas nuestras ideas para que sea la mayoría quien decida que ideología (que proyecto de administración social) dirija el destino de todos durante un marco determinado de años. Esta sucesión del poder impide que una ideología degenere y decaiga por completo en el rechazo general. Es decir, un marco pequeño de tiempo hace a un partido y a una ideología inocente por sus constantes equivocaciones.  El relevo de poder hace inocente al estado de las maquinaciones y errores de los partidos, pese a que en otros sistemas los mismos errores habrían derrocado dictadores y reyes, forzándonos a pensar otro camino.  Siempre hay factores no negociables dentro de este régimen. Siempre cambiarán los rostros, pero la política interior será la misma tras cada relevo.

0


Los tiranos son seres inagotables. Los demócratas son criaturas insustanciales y aburridas. Nunca nos cansaremos de odiar y amar a los tiranos, pues ellos encarnan la cúspide de la ambigüedad entre el odio y el amor. Salvadores y verdugos, ejercen a la perfección el papel de dios y de demonio a la vez. Esta increíble capacidad hace que los hombres se ofrezcan para chocar incluso contra aquellos que aman.

“un tirano, antes que nada, te obliga a tomar una posición”

Sin la guía del tirano, los conceptos del mal y del bien son ambiguos y triviales. La existencia del tirano esclarece toda perturbación moral. A su lado los demócratas son seres inseguros e hipócritas. Mientras el tirano existe parece clara y palpable la diferencia entre los ángeles y los demonios. Esta neblina moral es el primer requerimiento para el florecimiento de la monstruosidad.  

0