Este es un cuento experimental que publicaré muy pronto en el libro "La Galería de los Grotesco", el año que viene. 








A — ¿Qué clase de título es ese? Suena muy tonto. ¿Sabes? Empiezo a preocuparme por tu falta de imaginación 




B —No lo sé; sólo quería ser creativo. Y el problema no es mi imaginación; sucede que con el tiempo te has hecho un niño muy exigente.

A— Es una historia tonta, ¡ba!, un pollito tostador, desde ya me aburre, pero te escucho; mira, estoy aburrido. Trata de no decepcionarme de nuevo.


B—Ok, préstame atención; había una vez, un tostador que quería ser pollito…

A (interrumpiendo) —ZzZzZzZzZzZ

B— ¿me dejarás continuar?

A—Desde ya sé que vas mal. “Érase una vez” no necesito ser un genio para notar tu completa falta de imaginación. ¿Sabes que? Empieza por el nudo…de pronto así me convences de escucharte.

B—Diablos, me fastidias, pero escucha; el pollito tostador, liberado de su prisión de hielo, voló hasta el tejado, y de ahí, en medio de una furiosa tempestad, pudo llegar hasta el balcón de la casa. Era una diminuta manchita gris en la inmensidad de lozas de barro y pedazos de tronco mohoso; su energía era crítica. La oscuridad devoraba aquella vieja casa. Ingresó por una ventana rota que daba al desván. Una vez bajó al pasillo principal, sintió una fuerte opresión, resultado de estrellarse con un lugar desconocido. Aunque aquella era la casa donde había nacido, ya todo era diferente, pues mucho tiempo había pasado, de eso se dio cuenta al percibir los calendarios de la cocina y la densa capa de polvo en el estudio. Habían robado algunos libros. El modelo de diseño que le dio vida había desaparecido. Buscó en cada una de las habitaciones, pero el doctor no estaba; se había ido, al parecer, hace mucho, y eso desorientó totalmente sus objetivos. ¿Quien más podría ayudarle? ¿A quien podría acudir? Se vio al espejo y no pudo más que sentir desprecio por si mimo. Nada se parecía a él. Él era una abominación. Se sentía terriblemente desorientado. Todo estaba destruido. La energía se agotó, y el pollito se instaló en medio de la sala, con su convertidor de materia encendido, y sus circuitos desconectados. Pensó; si el doctor llega, me verá aquí y me reparará, pero eso nunca pasó. Decidió dormir para extender la energía que alimentaba su conciencia todo el tiempo posible, pero su muerte estaba ya predicha. Sin embargo, mucho antes de que su energía se agotara completamente, un gato se acercó. Tenía muy malas intenciones. El convertidor de energía se activó justo en el momento en el cual el gato trató de devorarlo. El convertidor de materia reaccionó con la carne del gato y su forma metálica se unió a la estructura muscular del felino, fusionándolos en una monstruosa y anormal criatura tostipollitogatuna. Un gato mecánico, con ojos brillantes, que desde el tejado decía “pio, pio” devoraba carne, y vivía en lo alto de la casa abandonada, algunos lo vieron mordiendo las cuerdas de la energía eléctrica, y chirriando como si se comiera la energía.

Pronto la gente se reunió, alarmada por tan extraña criatura…


A— ¿y qué pasó después?

B— No sé, ¿sabes? Me voy a dormir. Hasta mañana; duérmete rápido.

A— ¡Por favor, cuéntame!

B— ¿No decías que era una mala historia? Mejor me iré a dormir. (Fingiendo
sueño) ZzZzZzZzZz

A— ¡cuéntameeeeeeeeeeeeee!
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