viernes, 8 de enero de 2016

El Quimbo, el embajador de la india y el oro de los tontos.



Todavía recuerdo la mayoría de argumentos con los cuales se defendía la construcción de la represa el Quimbo.

“será una atracción turística, algo que mostrar en el centro del departamento” decían algunos “vendrán turistas a practicar deportes acuáticos, a bañarse y tomar el sol” se decía en los foros de Internet, y en los conversatorios abiertos que discutían la conveniencia de la obra “será un paraíso, un pedazo de mar en medio de las montañas”


Ni siquiera me molesto en anotar aquí los argumentos de políticos o periodistas pagados por emgesa, que mentían sin ninguna dificultad. Estas opiniones eran de la gente del común, de lambones desinteresados, de periodistas que no recibieron dinero por sus opiniones.


Era evidente que gente imaginaba que el Quimbo sería exótico. Las consecuencias ambientales y sociales eran desestimadas con facilidad. “Emgesa cumplirá lo pactado” era casi inimaginable pensar lo contrario. Pocos tenían en cuenta que el Huila ya tenía una represa, y no generaba el más mínimo interés estético, y mucho menos turístico. Se asumía, de la manera más provinciana posible,  que el Quimbo era algo novedoso en el mundo. Algo parecido al embajador de la india, que en el 62 engañó a buena parte de la clase política huilense, con una promesa de lo exótico muy similar.

La indignación actual me recuerda un poco a la mujer ingenua que cedió a las promesas de un charlatán y ahora debe lidiar sola con los costos de un embarazo no deseado.


Salvo el detalle que el Quimbo ya destruyó para nacer, y no se puede abortar.

El quimbo, efectivamente, fue un gran engaño, una mentira para tontos, y esto es aún más ridículo si se tiene en cuenta que el Huila ya conocía de primera mano las consecuencias de una represa, pero con un agravante;  para muchos de quienes estaban por fuera de la clase política, y de los medios de comunicación, fue un  engaño realizado a la fuerza. Sería injusto tildar por ello a todos los huilenses afectados por la represa como tontos, o como ingenuos. El quimbo se aprobó durante el gobierno colombiano más mafioso y peligroso de la historia, y fue defendido violentamente por las mafias locales, y políticos sin escrúpulos.

La vida útil de la represa Betania concluirá en el 2020 ¿que quedará en aquel lugar? Un enorme sumidero de mosquitos. 

En cincuenta años sucederá lo mismo con el Quimbo. pero por ahora, me encantaría ver a sus ingenuos defensores bañándose en medio de la madera podrida, y practicando deportes acuáticos en medio de toneladas de peces muertos.
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