martes, 5 de enero de 2016

Memoria Sanguínea


 El siguiente es fragmento perdido de "la Niebla y el Fuego" que tuve la cortesía de eliminar del texto final.


Terminada la visita papá y yo caminábamos bajando la montaña. Aquel era un frío atardecer.
— Tu novia es bastante bonita—me susurró con una sonrisa.
— no es mi novia, papá—le contesté
— No te enojes, guapetón—me respondió, acariciando mi cabeza—me parece una niña simpática, aunque un poco tímida. Me recuerda a mi pequeña Matilde.
— ¿Quién  es Matilde papá?
—una hermana mía, tu tía, que murió cuando tenía unos trece años de edad.
La idea me entristeció. Así que tuve una tía, pensé.
—A algunos kilómetros de aquí nacimos José maría y yo. La casa en la que vivíamos no era muy diferente a la de los padres de tu amiga. Teníamos tres perros, y un loro. Mi mamá cocinaba todo el día. Cuando llegamos al colegio mis viejos pudieron comprar la casa en donde ahora vivimos. Creo que les costó como tres mil pesos, y esa suma era un dineral entonces. Pero mis recuerdos más cálidos los tengo en estas montañas, aunque a decir verdad aquí teníamos una casa bastante pobre. Era pequeña, de un bareque triste, sin recubrimiento de nada.  Al lado había unos cultivos de café que eran de un senador. Mi papá se los cuidaba, era un trabajador muy obediente. Ese senador me consiguió una beca para estudiar. Gracias a esa beca pude ser médico.
No dije nada y le observé, como a la espera de que continuase su relato.
—José maría y yo éramos dos niños sucios y gritones jugando en los charcos. Comíamos guayabas y naranjas, y teníamos la barriga llena de lombrices—sonrió y se acarició el cabello, como sorprendido por la distancia del tiempo—ni siquiera habían inodoros en aquellos tiempos. Ahora que lo digo no puedo creerlo ¿te imaginas? En el último siglo estas tierras han tenido un movimiento que no te imaginas. El mundo se mueve demasiado rápido Arturo, y es una lástima,  tú no tienes memoria. No tienes idea de lo que para mí significa estar aquí.
—claro que tengo memoria papá. Una de 64 gigas.
Era un chiste malo que no pude evitar hacer, aunque él sonrió.
—Tu estas rodeado de aparatos increíbles, que diez años atrás parecerían mágicos. En mis días las cámaras análogas eran asombrosas ¡Las radios eran asombrosas! Los televisores eran para ricos. Pero ese no es el punto, no quiero aburrirte con mi nostalgia. En cincuenta años el mundo se ha movido. Mi abuelo no sabía escribir. Mi padre llegó a segundo de primaria. Y yo ahora soy médico. Tal vez tu futuro está muy alejado de estas tierras moribundas. Y tal vez y no pueda estar allí para aconsejarte.
Su mirada, momentáneamente, se hizo lúgubre.
—ya que el tiempo se mueve tan de prisa los padres ya no pueden enseñarle a sus hijos lo que significa la vida por que sus significados de repente se han descontinuado. O eso piensan los jóvenes, y eso pensé yo un día, sólo por que la moda era diferente, y la tecnología descontinuaba con velocidad todo pensamiento anterior. Nunca escuché a mi padre. Me esforcé por ser algo completamente diferente a él. Sé que tú piensas así, y no soportas algunos detalles de mi forma de pensar. Lo respeto, Arturo, pero deberías saber que si toda mi experiencia te resulta inservible, la incertidumbre será terrible para ti, pues tienes que cometer todos mis errores de nuevo para llegar a las mismas conclusiones. En tu tiempo, si no se es terco y ambicioso se está completamente perdido. Eres inteligente, y por eso, tus decisiones estarán plagadas de dudas. Yo tengo cosas que enseñarte, deberías saberlo, mis errores son un tesoro que deberías apreciar. Te ahorrarían tiempo. Yo por ejemplo, quise irme de este lugar, irme lejos, ser un ciudadano del mundo, carecer de recuerdos. Al final no llegué demasiado lejos.
Llegamos a un puente. Nunca antes papá me había hablado con tanta emoción, y yo no sabía exactamente qué pensar. Mi papá estaba cansado, así que nos sentamos junto a unas rocas. Gurdo silencio un segundo. Yo le observé con algo de malestar.
— ¿a qué viene este sermón papá? ¿He hecho algo malo?
—no has hecho nada malo, pero por favor escúchame. ¿Crees que el mundo comenzó contigo verdad? ¿A cuántos Sánchez crees que estas montañas alimentaron? ¿Durante cuánto tiempo crees que estamos aquí?¿ en el tiempo que llevas en san jerónimo, has aprendido algo de tu propia historia? Tus compañeros en Bogotá, tú y tu generación, todos conducidos por la tecnología son gente realmente solitaria. ¿Cuántas vidas han desaparecido en estas tierras? ¿Puedes escuchar sus voces? No, no escuchas nada. Careces de memoria. Careces de recuerdos. Mis abuelos y mis padres murieron aquí. ¿Cuántas vidas más crees que desaparecerán? imagínate a todas esas personas, a toda su experiencia, a toda su memoria, desapareciendo, olvidándose sólo porque esta descontinuada, porque ya no te es útil, porque ya no servirá para solucionar tus problemas cotidianos. Por eso te traje hasta aquí Arturo, por eso te traje a mi pueblo de origen, para que no cometas mi error. Obviamente, sé que el tiempo está cambiando. Sé que tus prioridades son distintas. Sé que tal vez estas palabras no te sean útiles ahora. Sólo quiero que recuerdes hijo, es lo único que te pido. Cuando escuchas y recuerdas ya no estás solo. Otros te hablarán al oído, otros que vivieron, amaron y sufrieron como tú. Un día la comida brotaba de esta tierra y la gente, aunque era pobre, no pasaba hambre. La tierra era generosa, y ya no lo es. Este pueblo desaparecerá pronto, lo destruirán para sacar oro de la montaña. Yo moriré pronto. Y tú estarás solo. Serás un náufrago en un mundo que jamás te pertenecerá. Al mundo hoy lo conduce la sed de novedad y la falta de memoria. Por tanto, siempre estará plagado de ansiedad e incertidumbre.
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