martes, 5 de enero de 2016

Notas Posteriores.


Propósitos para el fin del mundo. 

Hasta hace un tiempo yo era extremadamente optimista con el cambio de los años.  Al igual que la mayoría de personas, creí alguna vez que un ciclo exterior podía cambiar los vicios y desperfectos de mi personalidad. Que no son pocos, ni mucho menos insignificantes; no sé a quién culpar sobre lo inadaptado de mi personalidad y sobre mis fracasos de adaptabilidad. Quizá pueda responder diciendo que es cuestión de tiempo, pero precisamente es eso lo que ya no me queda. Desperdicié mi juventud escribiendo. Creo que con el paso de los años los seres humanos somos más reacios a la dificultad, y nos entregamos con mayor sentido práctico a la comodidad de lo familiar. Todo el tiempo quiero cambiar. Todo el tiempo quiero ser un hombre diferente a mí mismo. Hasta ahora la imposibilidad de la constancia hace previsible el fracaso. Todo lo que odio de mí se va acentuando con el paso de los años, mientras que mis pocos atributos como individuo se han ido desvaneciendo con la misma y cómoda placidez. Quizá el ejemplo más simple al respecto es el concepto de los propósitos de año nuevo.  En mi afán de sinceridad, cada año mis propósitos son más resignados y menos ambiciosos. Tras olvidarlos,  tras reconocer lo innecesario del engaño, uno tiene que aceptar esa fea realidad que es uno mismo. No existe peor resignación. Ningún desengaño resulta tan cruel ni tan inútil. Porque tras esa aceptación existe cierto grado agobiante de quietud, de mutismo, de soledad. No entenderse con uno mismo pareciera  la más agobiante de todas las soledades.

31 de diciembre de 2011

28 mil canciones en el 2013
Mi vida puede resumirse en veintiocho mil canciones. Pero quizá sean menos, tal vez sólo sean unas doscientas, o unas cien, o una veintena. He vivido poco, pero siempre he tenido música. Salvo ahora, que me creo muerto, y he tenido la necesidad de prescindir de ella, nunca he soportado la redundancia del silencio. Soy de aquellos que vivió, sintió y pensó a través de lo que escuchaba. No creo que semejante vejación filosófica haya sido fortuita o afortunada. Mi universo era limitado. Mi sensibilidad era efímera. Aunque en los últimos años mi pensamiento cambió, y con él he tenido que transformar  mis horizontes, sigo buscando música en todos lados, inclusive dentro de las palabras.  Para mí la música es la llave que decodifica los pensamientos ajenos, por ello creemos identificarnos a través de sus secretos. Por eso para el músico es tan fácil abrirse paso entre las mujeres y sus corazones. Por ello el orgasmo y la música poseen una oscura familiaridad. Si las pasiones pudiesen medirse y sopesarse, descubriría que soy más músico que escritor (o que soy cualquier cosa, menos escritor)

Enero 2014

Sobre la libertad femenina (fragmento)
A la hora de crear una identidad individual no pareciera importarnos mucho el valor metabólico de nuestros órganos sexuales. Resulta obvio que al definir nuestras individualidades somos sexuales, no metabólicos. Afirmar por tanto que somos racionales y que esta sea una definición estándar de lo humano parece una verdad a medias. Somos en realidad muchas cosas. La razón es, a la final, el evento realmente circunstancial en nuestra conducta. Porque primero somos seres metabólicos. Mucho después somos seres sociales. Y en especial, en este ensayo, somos seres sexuales. A la hora de hablar de identidad de los individuos en la sociedad no puede pasarse por alto el repudio que lo sexual generó durante siglos en la sociedad. Repudio que en realidad sólo ha sido apetito de control. La sociedad sólo puede intentar controlar lo sexual, no repudiarlo, pues la sexualidad define y reproduce a los individuos. Nuestros órganos sexuales definen buena parte de lo que somos. Pero como además también expulsan los residuos de eso otro que también somos, seres metabólicos, algunos pretenden confundir el apetito de control con preocupaciones higiénicas. A veces se dice que repudiamos culturalmente lo sexual por la relación orgánica que posee con la excreción. En el origen del hombre, Darwin afirma que algunos comportamientos de repudio y asco se generan como adaptaciones biológicas que nos previenen de una posibilidad de infección (repudiamos las excreciones, y la pudrición porque aprendimos, de manera inherente, que interactuar con estas dos sustancias aumenta las posibilidades de infecciones) El repudio era vital para sobrevivir en una sociedad humana pre-higiénica, pero hoy, al menos en lo sexual, no es más que un prejuicio. Sin embargo, ¿el repudio por la excreción explica en algún sentido el repudio por lo sexual? Aunque se compartan órganos en ambas acciones, negar esta sentencia sería mentir, pero afirmarlo de manera absoluta sería exagerar. En la resistencia que la sociedad creó alrededor de lo sexual existen un sinnúmero de causas que no podría reducir en este ensayo, dedicado más al sentido de la identidad de la mujer a través de lo sexual. En la sociedad nuestra identidad como individuos se fabrica a partir de su valor de intercambio y este, de un modo simbólico, nos organiza en roles específicos dentro de la sociedad. Antes que individuos, somos seres sexuales. Hoy más que nunca parece imposible crear una personalidad que desconozca un sentido sexual (incluso si este sentido sólo es una actitud de rechazo) siendo, de manera más que natural, el primer punto del ser humano joven que exige ser definido para generar una visión de  su individualidad. En la creación de esa identidad, y en orden de importancia, sigue el rostro, el resto de la cabeza, y luego el resto de nuestro cuerpo. Una amputación o una carencia nos otorga una identidad secundaria (puedo ser manco o cojo, y ser reconocido como tal, pero esta definición está subyugada al hecho de ser macho o hembra) 

octubre del 2010


Alteración pública, censura y el cuarto poder.

Ya no sé qué opinar sobre la censura. Por un lado los intereses comerciales de los grandes medios no pueden definirse jamás como inocentes, y por el otro, no se le puede otorgar al estado la capacidad de legislar sobre la opinión ¿y un punto medio? Bueno, los puntos medios son tan ideales como los puntos absolutos. Aquí he sido testigo de cierto chantaje publicitario por parte de emisoras locales hacia las alcaldías huilenses. Si un alcalde no pauta con una emisora especifica los periodistas se dedicarán a levantarle cada  hueco o posible hueco, llegando a los límites de la difamación.
Si paga, incluso sus peores errores serán encubiertos con una sonrisa de estúpida satisfacción. Recuerdo que de niño vi una película llamada el cuarto poder, dirigida por Richard Brooks (una definición algo coloquial la definiría como la destrucción de un ser humano a partir de la difamación mediática) creo que el gran dilema parte de que los intereses sensibles para la sociedad están blindados gracias al dinero. Si reconociéramos el cuarto poder (los medios de comunicación) como un punto sensible para nuestra salud mental, deberíamos concederle autonomía económica, como hacemos con el poder judicial y militar. La censura económica no puede controlarse. En el Huila particularmente padecemos de una censura bastante poderosa proveniente tanto del dinero como de lo político. Yo mismo no puedo decir aquí todo lo que me gustaría decir respecto a los miembros del gobierno local…sin embargo, creo que puedo hablar sobre lo que ellos tratan de censurar.
En el transcurso de la semana los políticos locales lograron algo impensable en una democracia decente; que se prohibiera hablar públicamente del voto en blanco en una elección en donde sólo existe un candidato. La decisión la firmó el presidente del consejo electoral, Carlos Ardila Ballesteros. He vivido de primera mano la reacción de las personas frente a esta elección. Varios gremios están en contra abiertamente de que Carlos Mauricio Iriarte sea el próximo gobernador del Huila, pero estos sectores han quedado silenciados frente a la elección. Tras nuestro candidato han armado filas todos los partidos tradicionales que están felices de repartir, de una forma muy equitativa y ordenada, todas las regalías destinadas al departamento.
No creo que exista nada más enternecedor que un grupo de viejos enemigos, viejos políticos de vieja data, dándose la mano y abrazando una causa común; gastarse hasta el último peso del presupuesto nacional designado a nuestro departamento.
Muchos periodistas conocieron algunos de los problemas detrás de la firma comisionista interbolsa. Tuvieron que callar porque la ley 599 del año 2000 prohíbe cualquier tipo de acción pública en contra de la bolsa o los bancos. Esta ley hace invulnerable al gremio financiero frente a la prensa.

Legalmente la investigación contra los órganos financieros sólo puede realizarla la superintendencia financiera. Si esta es incompetente, todos nos jodemos.
Entrados en calor me gustaría decir un par de cosas sobre la bolsa de Bogotá. Pero claro, como imaginarán, no quiero terminar en la cárcel.

Marzo del 2013

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