miércoles, 2 de marzo de 2016

The Reverant (reseña)



The Reverant me producía desconfianza debido al impacto negativo que me generó en su momento Birdman, pues dejando a un lado su despliegue técnico y su poca destreza narrativa, no me parecía en lo absoluto la mejor película del 2015 (de hecho, que haya sido reconocida con el premio Oscar me parecía una muestra de esnobismo hollywoodense) Por eso, armado de esa discutible prevención vi la película, y admito que terminé gratamente sorprendido. The Reverant, ambientada en una Alaska salvaje, protagonizada por hombres hostiles y violentos, es diametralmente opuesta a Birdman, que ocurre en el presente, en el corazón mismo de Broadway, protagonizada por actores delicados, parlanchines y esquizofrénicos. The Reverant es como la antítesis de birdman, y eso le da un sentido un tanto diferente a ambas películas. Mientras Birdman destaca por sus personajes insípidos y transparentes que lo cuentan todo frente a la cámara, aludiendo a su doble argumento teatral—en una forma plana de comunión constante con el público, subrayando la entrega de humanidad en el escenario por parte del actor—No podría existir un individuo más solo y distante que Glass sobre la tierra, más incomunicado y menos discursivo. Un personaje simple que desarrolla una venganza—al menos eso nos promete el título—y que para hacerlo debe sobrevivir y caminar solo, durante varios días, sobreponiéndose a su agonía. 

The reverant destaca por su escasez de diálogos, por sus silencios y su impactante trabajo visual. Es, en si, una forma interesantísima de reinvención. De igual forma la trama no podría ser más simple. En si, como viaje del héroe, la justificación termina siendo intrascendente, pues nos interesa el viaje por encima de todas las cosas y ese ha sido el aspecto que todo el mundo ha subrayado en la historia, aunque la motivación del viaje no deje de ser profundamente simbólica. Al ver a Dicaprio luchando contra la naturaleza pensaba en Náufrago de Robert Zemeckis, protagonizada por Tom Hanks, y recordaba el valor relativo de lo anecdótico del cine, y la distancia de ese sentido en la literatura. La anécdota histórica, precisamente, nos habla de un hombre valiente, un superhumano que sobrevivió en la montaña, herido y abandonado tras ser herido por un oso.

La película, por otro lado, nos habla de una tragedia profunda llena de conexiones raciales, ancestrales y culturales, nos presenta a un hombre acostumbrado a la catástrofe, viudo y con un hijo muerto, que pesa en su apática memoria y que exige justicia. Pero ese hijo aborigen asesinado hace que el viaje por las montañas se transforme en algo circunstancial que sólo está ahí para contarnos otra cosa, un entorno más colosal, pues subrayando el concepto del viaje del héroe, encontramos a un hombre que lo ha perdido todo, por ello su vida se vuelve etérea; esa evanescencia nos ayuda a construir lo simbólico dentro de la historia. 

Chuck Noland (Tom Hanks en náufrago) demostraba un carácter emocional, una expectativa para regresar, en forma de esperanza. Anhelaba recobrar su vida y esa añoranza alimentaba su espera y le permitía vivir. Glass (Leonardo dicaprio) es apático sobre su propia supervivencia y la de aquellos que lo rodean. La muerte del único hombre que sintió empatía por él no le conmueve, y termina usando su cadáver como un artilugio para capturar al asesino de su hijo.

 Así que The Reverant va más allá del hombre contra la naturaleza, e incluso el hombre contra el hombre. Pensando precisamente en naufrago, Glass no quiere sobrevivir por sobrevivir. La venganza es el deseo que lo sostiene y que lo obliga a caminar. Ese otro que será el receptor de su odio representa un todo alrededor de Glass, una guerra, un genocidio, el asesinato de sus compañeros al inicio de la película, representa la aborigen secuestrada y violada, representa al mundo que desafió al cometer el pecado del mestizaje (poco frecuente en los Anglosajones) y sin embargo, su entrega del objeto odiado a las manos del indígena no deja de ser misteriosa, o más bien, narrativamente fácil. No tan fácil como ese final intelectualoide de Birdman. Supongo que los finales fáciles son un defecto de Iñarritú.

 Oscar M Corzo. 2/03/16
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