Los Reptilianos II

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Esta es la terminación ( o mejor decir, complementación)  de un pequeño ensayo que comencé hace cosa de tres meses....


La primera vez que escuché sobre los reptilianos fue tras deambular entre videos de Ovnis y apariciones fantasmales en YouTube.  De la nada  (o si mal no recuerdo, YouTube me lo recomendaba) encontré un documental artesanal (del canal Kadosh53) fundamentado en una entrevista con una mujer mayor cuyo nombre no recuerdo ahora, inglesa pero ciudadana estadounidense, que juraba entre lágrimas haber visto a George Bush padre convertirse en un reptil frente a sus ojos.  La entrevista duraba 45 minutos, era rica en referencias antropológicas y vagamente históricas, la mujer había recorrido Estados Unidos de costa a costa, contando en conferencias miserables su experiencia traumática pero lucrativa. Para el presentador del documental, que Bush fuese un reptil espacial tenía mucho sentido. No parece coincidencia que varios años después,  la mitología de los reptilianos fuese tan popular durante el gobierno de George Bush hijo. Tras la publicación del libro “el gran secreto” de David Icke, la idea de una especie reptil gobernando al mundo desde las sombras funcionó como disparador y caló profundamente en la psicología de ciertos sectores moderadamente educados de Estados Unidos. El mito, de hecho, se diversificó con el paso de los años, apoyado por el comportamiento masivo y virulento de Internet. En su construcción se unieron rezagos de la Atlántida de Platón y la nostalgia del re-descubrimiento tecnológico de civilizaciones perdidas(el mito fundamental de los reptilianos habla del ser humano como resultado de experimentos genéticos de una raza extraterrestre superior, que nos utilizó como esclavos extractores de oro en el antiguo Egipto, cosa que por cierto, explicaría nuestra fascinación por el oro) los iluminados de Baviera (una organización secreta paramasónica a la que se acusa de estar detrás de todos los atentados al orden establecido)  junto con antiguas mitologías sumerias, semitas y judías (el término Anunnaki, proviene de unas antiguas deidades sumerias que se combinan constantemente con los demonios reptiloides judíos) las conspiraciones judeomasónicas de finales del siglo XIX (cuya principal consecuencia fue el holocausto judío) y la resistencia cristiana conservadora a la incertidumbre del progreso liberal( que, curiosamente, tiene como mayor exponente a George Bush) Pero su aderezo principal y el eje teórico de su popularidad es la cultura pop de los extraterrestres, fundamentada vagamente en Wells y Lovecraft. Los reptilianos son, en esta medida, una forma de sincretismo mitológico extremadamente amplio y complejo. Justifican el origen del mundo y justifican el miedo, justifican la incertidumbre contemporánea y a su vez justifican nuestra sed, aún insatisfecha de libertad.

Huiré aquí de todo juicio de valor; no me interesa la veracidad del mito. Quiero entender lo que el mito explica. Distingamos el mito ancestral y el mito moderno, en las clasificaciones de Lévi-Strauss.  Nos interesa específicamente el mito ancestral, el relato falso que justifica un lugar o una situación específica.  Para Strauss, “La función del mito en una sociedad es corregir oposiciones o falta de simetrías estructurales, mediante la lógica, o sea, que el mito proporciona un modelo lógico para solucionar una contradicción y resolver problemas sociales y psicológicos” el mito moderno, en cambio, ofrece una variación  narrativa mucho más importante, pues nada tiene que justificar. Es  más una historia en la que el receptor participa por voluntad, exaltando su sensibilidad y su credulidad. El mito moderno es creído por fe narrativa intrínseca, más no es la única forma de justificar un origen. Los creepypastas y las leyendas urbanas de Internet son creídas por su capacidad de credibilidad, por efecto de la atmósfera que narran,  en un acuerdo de complicidad entre el creador del mito y el lector.
Los reptilianos, en este punto, podrían ser un mito híbrido; una explicación para el origen del hombre y una explicación para su esclavitud actual. Las diversas fuentes que lo alimentan crean un linaje que atraviesa toda la historia de la humanidad y todo lo explican, llenando todos los huecos, y solucionando todas las ambigüedades. Allí donde aparece algo inexplicable pueden aparecer también los reptilianos, con una voluntad e intención misteriosas. Descubrimos que la historia tiene un sentido, una justificación superior, y en el fondo, nos descubrimos inocentes frente a los hechos. 
Y nada más reconfortante que purificar a la humanidad transformándola en una víctima de una fuerza extraña

  La conspiración funciona como revelación prometéica. El conspiranoico  contemporáneo es esencialmente un Prometeo, un ser que divulga una verdad que podría liberar a los hombres.  Pero la conspiración es muy anterior a la cultura pop de Roswell y el Área 51.  El mismo holocausto estuvo fundamentada en una mitología de la conspiración (los protocolos de los sabios de Sion, que denunciaron  por primera vez en la Rusia Zarista la existencia de un gobierno secreto; las logias masónicas y las sinagogas) que, fusionada con una conspiración  un poco más antigua ( la de los iluminados de Baviera, que fueron, en muchos aspectos, según las teorías conspirativas,  los pilares del derrumbamiento de la monarquía) construyen el nuevo orden mundial iluminati reptiliano. Hoy ya no son los humanos, judíos, iluminados, masones banqueros o no, quienes están detrás del gobierno mundial. Son seres extraños a nuestra especie. Absolutos y todopoderosos dictadores extraterrestres.

La única forma de comprender el sinsentido es refugiándonos en otro sinsentido del que sin embargo, podemos encontrar evidencias  circunstanciales en todos lados. Después de todo, la serpiente y el reptil son en todas las culturas criaturas semidivinas, intermediarias del cielo y la tierra, muchas veces venidas del cielo o poseedoras del secreto de la creación, o mejor aún, de la inmortalidad.  Quetzalcóatl, la antigua Serpiente Emplumada de la cultura prehispánica, como un dios primordial, es el dios reptil arquetípico.  En el mestizaje humano reptil tenemos el origen de la dinastía merovingia, cuyo escudo mostraba un hombre mitad pez, el quinotauro, padre de toda la realeza Francesa, y cuyos vástagos hoy se encuentran desperdigados por toda Europa ( entre ellos, destacan los actuales miembros de la realeza Inglesa. En internet abundan imágenes, reales o no, del aspecto hibrido reptil humano de la Reina Isabel)   El primer rey de Atenas, llamado Cécrope,  era mitad hombre, mitad ofidio, y estaba a su vez emparentado con Sebek, el dios egipcio cuyo rostro es el de un cocodrilo, padre de una raza de seres reptiloides llamada Unas. Pero ningún mito antiguo ha influenciado tanto a los reptilianos como los Naga de la cultura Hindú y los Anunnaki de la antigua sumeria. Son precisamente los anunnaki los que han creado  todos los imaginarios principales de la doctrina de David Icke, perpetuados a través de la historia dentro de la realeza y la banca internacional a través de la hermandad de babilonia.

Es destacable que la sospecha de un gobierno secreto recae con facilidad sobre sociedades secretas. El libro de David Icke es en sí una  hazaña propagandística; para el hombre promedio el mundo se tornaba hostil y oscuro a finales de los noventa. Durante los años posteriores al 911, el miedo se convirtió en un discurso político lineal y ortodoxo, pero aún habían muchos interrogantes en el aire que los medios oprimían bajo la amenaza de traición. Lleno de información, lleno de noticieros frívolos y rumores, el  norteamericano promedio se sintió engañado. Pero, ¿Qué tan grande puede ser una mentira como para que el hombre normal se atreva a desechar toda la historia? Una por una, las explicaciones mitológicas nos revelaron aspectos de la realidad que desconocíamos, que nos aterraban. De hecho, justificaron el miedo, justificaron también la percepción de falsedad que se respiraba en el aire. Los reptilianos, al igual que cualquier otra teoría de conspiración, le dan un sentido a la información disponible. Justifican el fraude que los hombres modernos sienten sobre la libertad y sobre el pensamiento. son, por ello, una construcción argumentativa robusta, una forma de mito totalizador.

El primer descubrimiento del conspiranoico es la no libertad, y la falsedad de la información que lo rodea. Sabe que no es libre y que la libertad es a la vez, su mayor tesoro. La conspiración es el fuego y él es un nuevo redentor Prometeo. Cuando es consciente de que la realidad es una falsificación, se siente privilegiado; somos esclavos porque somos infelices. ¿Somos conscientes de todo lo que no somos? El conspiranoico está convencido de que nuestros ideales fracasaron,  y tiene la lucidez de entender que la realidad nos hace pesimistas. El noventa y nueve por ciento de los hombres han sido superados por la historia y por sus matices, y sin embargo exigen una explicación.  El mito, por aterrador que logre ser, nos consuela, señalándonos un destino, un enemigo, o un futuro irremediable. Nos oponemos con fuerza a la ambigüedad.  Teorizar sobre lo que no conocemos es el sentido mismo del mito. 
Cristianos liberales y conscientes del acontecer mundial, quienes a partir de David Icke defendían el argumento reptiliano sostenían que toda la historia podía resumirse con la lógica de una mala película sobre extraterrestres “Algo malo sucede con Estados Unidos” esta era una conclusión sencilla de obtener luego de sufrir en carne propia las leyes de control civil posteriores al 11s. Los conspiranoicos en general saben que algo anda mal, lo perciben, pero acuden a su imaginación y no a su información disponible para entenderlo. En todas sus posibles explicaciones de la anomalía, dudo que exista una construcción teórica más lúcida que esta; nuestros líderes y monarcas son monstruos. En un momento de estupor y de absurdo como el gobierno Bush, donde no existía ningún sentido para la humanidad y la guerra, parecía fácil explicar aquella distancia entre el comportamiento irracional y abiertamente maquiavélico de las clases dirigentes y el resto de la humanidad, embellecida por los valores no siempre sinceros del cristianismo new age. 

Hay algo extraño en ellos, diría David Icke, una naturaleza ajena a la humanidad que tanto valoramos. No es posible que el caos tenga algo que ver conmigo. No es posible que Bush y yo pertenezcamos a la misma especie. Hay algo malvado en él, malévolo en esencia, una intensión no reconocida, una falacia, una mentira en sus razones, en sus palabras. La lucidez del planteamiento de David Icke consiste en entender que Bush es inhumano e irracional, y que la clase dirigente del mundo actúa utilizando artimañas e intenciones ocultas, como si fuesen otra especie, carente de empatía y humanidad, odiándonos en secreto, y conspirando contra nosotros.

El engaño está en la idea de que la humanidad no puede concebir a George Bush, a Tony Blair o a Aznar, a la Reina Isabel o a Putin. Es ingenuo, profundamente ingenuo, negarle a la humanidad sus puntos bajos, sus crímenes y desgracias. Nos cuesta aceptar que a Hitler lo impulsaron valores profundamente humanos, defectos que podemos encontrar en cualquiera de nosotros. Es mejor excluir lo odioso de la humanidad, alinearlo a lo monstruoso externo para sentirnos tranquilos con nosotros mismos. Los conspiranoicos son seres racionales, inteligentes pese a ser conservadores nostálgicos y cristianos heterodoxos. Excluidos de la educación de élite, del desarrollo científico y de los epicentros económicos, no encuentran mejor forma de justificar esa distancia que juzgar a sus contrarios como alienígenas. “Son los otros los inhumanos, los que actúan por fuera de la humanidad”

Al menos en lo simbólico, sus mitologías funcionan como una poderosa venganza, y justifican la exclusión a la que son sometidos, sin que puedan remediarlo.

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