Conversación con una feminista ( parte I)

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Nos encontramos en una pastelería del centro de la ciudad. Ella tenía un largo  y tedioso ensayo titulado “la paradoja de adán” que me pidió leer con cierto orgullo. Prometí  hacerlo, y además, sugerí que nos sentáramos en algún lugar tranquilo a conversarlo, aunque sabía que en su petición de lector había algo de desafío.

— ¿Y bien? —Me preguntó apenas llegaron los cafés— ¿qué te pareció?

Sonreí con incomodidad.

—No encontré ningún error ortográfico, gramatical o de sintaxis, si a eso te refieres.

Es una tarde de Junio cualquiera, afuera llueve. El chapoteo del ruido exterior me adormece un poco.

—No te puse a leer mi ensayo para que buscaras errores—contestó.

—Lo supuse—confesé con un bostezo—pero también supongo que conoces mi punto de vista sobre los temas que tratas en tu trabajo. Así que lo que esperas, supongo, es un debate.

—Me conformo con una conversación—contestó mientras se acomodaba el cabello y me miraba a los ojos por primera vez—Si puedo callarte puede que calle a buena parte de los hombres impertinentes que lean mi trabajo.  

—No voy a decir nada impertinente, si es lo que supones. Respeto tu trabajo, pero… 

— ¡Después del “pero” es donde las cosas se ponen interesantes! ¿No crees? —dijo interrumpiéndome con una sonrisa desafiante. 

—…No he leído a Judith Butler, ni pienso hacerlo—confesé— Mi conocimiento del feminismo teórico se limita al Segundo sexo, de Beauvoir, y desde allí, todas tus autoras favoritas me son desconocidas. Sé que Butler es una pensadora extremadamente influyente, no sólo para el feminismo, sino para toda la biopolítica…

— ¿Sientes que al leerla tu heterosexualidad tambaleará?—me comentó con una sonrisa.

Sonreí también, tan incómodo como al principio.

—Todo lo contrario. Sucede que no me sorprende. Estoy de acuerdo en casi todo lo que dice.
Ella guardó silencio

—Veo que ahora la sorprendida eres vos—continué—pero todo tiene su explicación. Pero en fin, ¿de qué hablaba? Butler se limita a llevar más allá la frase de Beauvoir “no se nace mujer, se llega a serlo” está parada sobre el existencialismo de Beauvoir, expandiendo y actualizando sus límites. El existencialismo feminista, sin embargo, siempre me resultó muy consecuente con la libertad de determinación que ofrecía el existencialismo Sartriano. Es muy posible que todas las feministas sean existencialistas, en esencia…

—A lo mejor ella lo pensó antes que él, ¿lo has considerado?

Sonreí, pero con una diminuta mueca de incomodidad.

—Honestamente me tiene sin cuidado; no vinimos a discutir quien lo tenía más largo, si Simona o Juan Paúl—contesté—de adolescente me importaba muchísimo el existencialismo, hoy me da igual. El punto es que cuando aceptas que el hombre (o la mujer) no posee una determinación metafísica y puede elegir su esencia, que es el postulado esencial del existencialismo, pues la teoría de  género de Butler no te choca. La aceptas de buena gana. Si podemos ser lo que deseemos ser y algo nos lo impide, ese algo que se opone a nuestra libertad puede tener cualquier nombre. Si se llama falocentrismo o patriarcado me tiene sin cuidado.

—Es curioso que agregues a la mujer cuando hablas del hombre como el centro del pensamiento.

Una mesera de estatura baja y lentes gruesos sirvió los postres. Guardamos silencio durante algunos minutos. Ella aprovechó el silencio para revisar su teléfono y contestar un par de mensajes de WhatsApp. Yo hice lo mismo con Telegram y con Twitter.

—Si soy honesto, tienes toda la razón en reprochármelo, pero es algo tan interiorizado que no puedo evitar recurrir a los mismos imaginarios de mi formación—terminé esas palabras levantando los últimos sorbos de mi café— No lo voy a cambiar sólo porque me lo censures, o porque lo censure el feminismo en general, con su doctrina de los micro-machismos, que por cierto me parece terriblemente peligrosa. Además, estoy demasiado emparentado con los conceptos de poder, virilidad y fuerza, todos culturalmente masculinos, así que seguramente te parezco un sujeto muy reprochable: por lo que leí todos esos postulados  te resultarán chocantes. Pero aquí hablaremos de tu ensayo, no vamos a discutir mis lógicas internas, ¿verdad?

—En parte, deberíamos. Es el sentido de mi texto—contestó

—Es una tarea inútil, estimada colega. No puedes corregir esas cosas. A lo mucho, la tarea sería corregir la lógica de la educación. Más que corregir, la palabra precisa es “censurar” Eso evitaría que nacieran otros cerdos machistas como yo.

—En ningún momento te he tildado de tal, cretino susceptible—contestó ofuscándose por primera vez— Déjame retomar un poco lo que dices: hay valores que no puedes desprender de tu lógica interna, como la llamas, ¿verdad? son los valores del patriarcado. La virilidad y la fuerza, el deseo. Por eso te molesta la lógica de Butler.

—En ese punto creo que ustedes la han malinterpretado, pero no lo puedo afirmar tajantemente, pues no la he leído con cuidado. Y no, no me molesta su lógica. A grandes trazos estoy de acuerdo con ella.

—Pues deberías leerla. No creo que pierdas nada.

— No me interesa por ahora, pero a lo mejor lo haga a futuro—contesté finalmente, suspirando—Los roles de género asignan los valores de poder y virilidad al hombre, mientras que la mujer debe cederlos, convirtiéndose muchas veces en objeto y no en sujeto. El sujeto desea el poder, anhela el control.  Butler ataca los roles de género porque relegan a la mujer el papel de objeto de deseo. La desaparición de los géneros como determinaciones biológicas permitiría que todos los seres humanos sean sujetos activos. Existiría otra sexualidad, otro orden. ¿Me equivoco?

—Más o menos.

—El problema es que el feminismo convencional, mediático al que parece te suscribes, ha asumido que cualquier símbolo de voluntad y virilidad es un atentado contra el feminismo. Eso les ha dado más enemigos que simpatías. Cuando Butler juzga el término “mujeres” y dice “Este es un calificativo del opresor para darnos un papel en la sociedad, un papel de objeto pasivo” Pienso, ok, Butler, acepto la premisa, pero ¿qué viene después? yo supondría que sería la transformación de la mujer en sujeto activo, y no la minimización del hombre. Otras cosas son necesarias ¿Renegociar privilegios? ¿Ajustar las cargas de la sociedad? Es necesario un nuevo contrato social. Como dijo Simone, “Es válido violar una cultura, pero con la condición de hacerle un hijo”

—Es una frase grotesca

Sonreí de nuevo, pero esta vez con simpatía.

—En este punto, creo que  las diferencias de objeto - sujeto no las crearon los hombres en su sociedad patriarcal, sino que las creó la naturaleza. Son muchas las especies donde el hombre debe demostrar su competencia para poder reproducirse. Es su papel biológico desear transmitir sus genes, buscar hacerlo y superar a sus iguales, mientras que la mujer es la que accede, la que lo permite, la que otorga. Esto no es ideología conservadora…es el mecanismo primario de la naturaleza para la supervivencia del más apto. Las hembras son un filtro de calidad genética, pues sólo le otorgarán la posibilidad de perpetuarse a los más competentes. La idealización femenina a la larga no es más que la idealización de este mecanismo de supervivencia genética. Claro que existen especies donde las hembras son más grandes, más fuertes, pero el mecanismo primario no cambia en lo absoluto: aunque sean más fuertes siguen ejerciendo por completo el poder final sobre la perpetuidad de una especie, y por consiguiente es el macho el responsable de persuadir. En nuestro grupo familiar, los primates, existe el patriarcado y el celo por la herencia genética, y esto añade mayor combustible a la discusión; pero no evita que la selectividad genética siga siendo un papel estrictamente femenino. El patriarcado primate, por su lado, ha generado todo tipo de comportamientos aterradores…

—No creo por completo lo que dices,  pues no se le puede achacar todo a la naturaleza—contestó ella—El ser humano posee la capacidad de generar complejos sistemas simbólicos, es decir, la posibilidad de cambiar el mundo factual a través de ideas. Su organización social hoy responde a elecciones ideológicas y muchas veces carece de sentido juzgarlas, compararlas siquiera con la biología de otros animales. Los animales carecen de ideología.

Los postres se acabaron. Pedimos otra tanda de café. Junto a nosotros se sentó una pareja bastante melosa.

—Te acepto lo del hombre que crea la sociedad, es válido hoy en día, y es válido para intervenir la sociedad, pero no era válido hace doscientos mil años—le respondí—El orden de la sociedad no fue una decisión racional e ideológica, si no funcional. Responde a razones funcionales. Pero ustedes decidieron convertir a la biología en un discurso político y hostil. Si me preguntas, eso no tiene ningún puto sentido.

— ¡Claro que lo tiene hombre! —Respondió, golpeando la mesa con energía— y hoy podemos modificar el discurso que acuñas como natural. Es por ello que el feminismo hoy tiene más fuerza, y puede reescribir los discursos científicos: someteremos la sociedad a un nuevo orden más racional, más justo con todas sus partes.

—El comunismo también intentó algo parecido. Fracasó estrepitosamente…

—No lo ha fracasado de manera definitiva—me respondió desafiante.

—Ahhhh—suspiré. Es aquí donde recuerdo, la discusión se puso complicada. —No creo ser el indicado para hablar de la naturaleza, te estoy exponiendo mi opinión nada más, pero creo que hay un hecho;  a la naturaleza le valen tres cojones las ideologías.

Mi amiga se llama Sara. Es socióloga de la Universidad Nacional, y lidera un pequeño grupo feminista muy vinculado con el animalismo y  otras causas igual de perdidas. La conocí como novia de un buen amigo, pero se apartaron hace algunos años. Hoy en día vive con una chica en Medellín, y me citó en una visita esporádica a Bogotá. Ella y su novia van a casarse a principios del año entrante.

—Conoces muy bien mi punto de vista—continué luego de quedarme en la ventana algunos minutos— Creo que el comunismo, el liberalismo, el feminismo, la democracia, todas las ideologías subestiman la biología, el comportamiento animal que conserva el hombre, pero ninguna doctrina lo hace de un modo tan ingenuo como el feminismo mezclado con el comunismo.

—En ese punto creo que estás siendo bastante arrogante.

—Quiero aclararte que no tengo nada en contra de la teoría Queer. Si somos libres de elegir lo que deseamos ser, si no hay una naturaleza humana que lo determine, ¿por qué no decidir por nosotros mismos el género? si acepto a Sartre acepto a Butler. Es decir, los problemas contra el feminismo vienen desde la teoría que les precede; los conservadores no soportan la autodeterminación de los individuos. Pero ese no es el problema, sino su consecuencia; en cierto sentido los conservadores tienen buenas razones en molestarse. ¿Qué sucederá con la reproducción? ¿Qué sucederá con el sostenimiento de la especie?

—Si de mi depende, la especie bien puede desaparecer.

—Precisamente por eso eres la demostración de lo que critico, ¡la exaltación del individualismo a costa de la desaparición de la especie! A grandes rasgos el feminismo que practicas es la exaltación de la individualidad femenina, del mismo modo que el padre irresponsable o el asceta lo es de la individualidad masculina. Ambas son formas de rechazo a las responsabilidades de la procreación. La ideología dominante del siglo XX nos empuja a la individualidad, al rechazo de los compromisos sociales. Queremos ser libres y que la sociedad no se interponga. No queremos ninguna responsabilidad con la especie. Bueno, en cierto sentido, tras la exaltación del individuo que ha hecho el capitalismo el feminismo como doctrina es completamente consecuente: en la división de responsabilidades sociales y la distribución de tareas, no voy a negarte que la responsabilidad femenina es mayor que la del hombre.

—Ya empezabas a asustarme, monseñor Ordoñez.

—Es que eso es evidente, pero no sólo en nuestra especie, si no en la mayoría de mamíferos. Es difícil que el feminismo me diga que hay un discurso político en que sea la vaca la responsable de cuidar al ternero, y que además sea quien me ataque al acercármele a su cría. En las aves y los insectos también es la hembra la que ataca a quien atente contra la seguridad de la progenie. Sólo sé de algunos casos de apatía como regla general  en los reptiles y en los peces. En la palabra mamífero viene implícito el amamantamiento. Es decir, somos hijos de madres que nos amamantan, que nos cuidan de pequeños. Ahora bien, la cría humana es bastante estorbosa. Muchas veces he escuchado que es precisamente la debilidad de los humanos al nacer la condición responsable de crear y fortalecer grupos sociales, donde varios individuos pueden cuidar con mayor facilidad a los recién nacidos. Las mujeres, sin embargo, tienen las manos atadas, pues las crías humanas no pueden aferrarse a sus madres por sí mismos. La defensa de depredadores le corresponde al hombre y al grupo familiar.

—Me estás reproduciendo los dogmas del patriarcado, y creo que los tengo claros…No necesito que me repitas…

—Mira, si se te ocurre un orden distinto para esas sociedades, me encantaría escucharlo. Pero no quiero una respuesta ideológica, si no práctica. ¿Crees que aquellos primeros humanos tenían ideología o les importaba cinco cuál de los géneros dominaba la sociedad?

— ¿Y por qué no cazaban las mujeres y los hombres cuidaban a los niños? —La pregunta es desafiante pero cordial—Existen numerosos estudios sobre el matriarcado como estructura inicial de la sociedad.

—Todos teóricos—respondo encogiendo los hombros— El 95% de las sociedades eligieron una distribución de trabajos similar. Alrededor del matriarcado existe más un discurso romántico que realista, y no quiero decir que no sea un sistema válido, pero en realidad recargaría a la mujer de más responsabilidades, en vez de liberarla. Ahora bien, podría funcionar lo que propones, pero habría que esperar la superación del amamantamiento. Durante al menos un año la mujer está amarrada al bebé. Y para que un buen número sobreviviera, la mujer era entonces una máquina de partos. Estamos hasta aquí hablando de hechos que podemos verificar en la historia y el rastro antropológico de las sociedades. Esto lo reconocen las teóricas feministas, que evaden el tema de su importancia para la supervivencia de la especie y la trasforman en un discurso político de opresión intencionada. ¡Y claro que lo es! ¡Todo en el ser humano es político! Sin embargo es un acto de torpeza juzgar el pasado con la ideología del momento. Puedes explicar el pasado con perspectivas nuevas, desde ángulos nuevos, ¡pero es inútil juzgarlo de la forma en la que lo hacen las feministas, y menos imponer criterios de individualidad donde el concepto ni siquiera existía! Esa extraña  racionalización inversa, ese prejuicio  de altura moral desde un momento de la historia les impide percatarse de que en la sociedad de entonces no existía una idea de la individualidad como lo existe ahora. No sólo no existía la “mujer” como un ente independiente, tampoco existía “el hombre” sólo existían los pueblos. Éramos comunidades, familias, herencias, y la misma existencia de la voluntad del padre como ente rector es cuestionable. Primaba el deseo de sobrevivir, un llamado biológico a preservar los genes y eso lo representaban los niños. El hombre y la mujer eran (y siguen siendo) simples herramientas de ese llamado.

—Todo lo que dices quedaría muy bien si no existiera el judeocristianismo.

No esperaba esa pregunta, y la obviedad del vacío me dejó pensativo por algunos minutos.

—El papel de la mujer en el judaísmo es muy complejo, y difícilmente podríamos cerrarlo en una sola conversación.

— ¿No sabes que decir verdad? el judaísmo es una religión machista, en esencia…

—Mira, primero que todo te aclaro que no niego la existencia del machismo. Pero no creo que sean machistas todas las interacciones de poder entre hombre y mujer, ni mucho menos una división de responsabilidades. ¿Sabes qué considero machistas?

— ¿Qué? —y al preguntar abrió los ojos enormes con un gesto que bien podría interpretar como sarcasmo...

—Las restricciones sobre la sexualidad.

— ¡Vaya! —Respondió ella—empezaba a preocuparme por nuestra amistad.

— ¿Sabes que el judaísmo se transmite por línea materna? no es el padre el que te hace judío, si no la madre. Ello implica una preocupación adicional sobre la herencia sanguínea.

— Sí, lo sabía, pero no lo había pensado así.

—Es aquí donde conectamos con tu ensayo ¿verdad? el papel de la mujer en el judaísmo lo determina la necesidad de restringir la sexualidad, por temor a que la pureza de una descendencia se pierda.

continuará...
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