conversación con una feminista ( parte II)

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—Adán para ti es un símbolo bastante extraño. No he comprendido del todo el significado que le das—pregunté

—En primer lugar, Adán es el hombre, y por ello representa a todos los hombres,  el estatus quo  y la jerarquía

— El patriarcado…—concluí.

—Exacto.

—Mientras que, según tu ensayo, la mujer es el llamado a la trascendencia. Es quien le dice a Adán. “debemos salir de aquí. No podemos inclinarnos ante dios. Debemos ser iguales a él”

—Ese llamado se ha repetido toda la historia; es la mujer la responsable de que el hombre se obligue a sí mismo a trascender. No sólo como ideal, sino también como tormento.

—Son palabras extrañas para una feminista

—No te estoy diciendo que crea en ellas, estamos hablando del símbolo judeocristiano. En muchos sentidos la idealización romántica es una promesa de superación espiritual, una carnada que obliga a los hombres a trascender a través de la procreación, o mejor dicho, a suponer que la procreación les permitirá trascender.  Para que ello suceda la mujer tiene que detenerse en un punto entre el mundo de las ideas y la realidad. Un ser mitad idilio mitad carne. Pero procrear dejó de ser trascendente. La individualidad arrancó el sentido que tenía el amor, las promesas ideales del amor.

—Y con ellas el papel del ser idílico llamado mujer…

—No sólo eso—continuó levantando la mano derecha para pedir otro café— se llama a reformar por completo el significado de la palabra mujer, y con ello, por obviedad, el del ser humano en conjunto. Tienes razón en algo; es necesario un nuevo contrato social. Sin embargo, en muchos aspectos tu punto de vista es muy superficial, el asunto es más complejo, pues el hombre idílico también tendrá que desvanecerse. El sentido de voluntad cambiará, la economía, el derecho, el deseo.

— ¿Por eso el rechazo a la masculinidad? —pregunté con incomodidad.

—La individualidad debe dar un paso adelante, redefiniendo nuevos valores.

—Esos nuevos valores me suenan al poshumanismo. ¿El feminismo es una antesala al poshumanismo?

—En muchos sentidos debería serlo, pero puede que aún no sea consciente de esa responsabilidad. En primer lugar, muchas mujeres no son conscientes de que sus alegatos de dignidad y liberación hacen que la sociedad tradicional se tambalee, pues depende en muchos sentidos de la abnegación femenina, y en el papel la mujer como objeto de deseo para sustentar el capitalismo. Tampoco parecen muy conscientes de que sus peticiones a la sociedad, o bueno, la palabra petición es muy abnegada, sus “exigencias” puede afectar realmente a la sociedad, pues reconocer eso será interpretado por muchas como una concesión a los conservadores. Sin embargo, ¿qué tiene de malo? ¿Se sentaron los esclavos a pensar en la sostenibilidad económica de los esclavistas? Una igualdad intrínseca entre hombres y mujeres, una liberación del pacto de la maternidad ayudará a la construcción de nuevas formas de entender la sociedad. Nuevas interacciones, nuevas ideologías, y muy seguramente existirán efectos secundarios. Muy probablemente la familia como concepto deba desaparecer.

—Ese suele ser el argumento más defendido por la extrema derecha.

— Y por ti, mi querido amigo. Tus argumentos contra mi texto son simplemente conservadores. Acudes a la biología como un determinante absoluto

— ¿Y no lo es? — pregunto con curiosidad

— ¿Debería serlo? ¿guardarle lealtad melancólica a la naturaleza no es una forma de guardarle lealtad a dios? Para la iglesia católica, y los movimientos cristianos, su unidad ideológica es la familia. Las madres no sólo son sus donadoras más fervorosas, sino también sus portadoras ideológicas. Dogmatizan a sus hijos indefensos, asegurando la perpetuidad de su doctrina. Privados del control sobre la familia están condenados a desaparecer.

— Yo dudo bastante que desaparezcan.

— ¿Por qué? en algún momento ocurriría ¿Acaso temes que la sociedad, que la ciencia, toque las fibras de la naturaleza humana? ¿Temes que  esas fibras se alteren de tal manera que el hombre pueda asignarse roles de dios?

— ¿Bajo qué ideología va a hacerlo? ¿Con los designios de quién? ¿Del estado? ¿De una corporación? —no sé por qué, pero la conversación empezaba a ponerme nervioso.

Empezaba a anochecer. Ya terminados los cafés y sin una excusa válida para quedarnos en aquel lugar, le propuse a mi amiga que camináramos por la séptima, en dirección al Transmilenio que debería tomar en la estación de las Aguas. Ella aceptó, en caja pagó su parte (no me permitió invitarla) y abandonamos el lugar.

—Recapitulemos—empezó ella— ¿Temes al poshumanismo?

—Honestamente, es un tema con el que no me he familiarizado completamente, y en muchos sentidos, todavía es para mí un tema de ciencia ficción—contesté

—Si leyeras a Butler, verías que no es sólo un tema de lesbianas locas, como imagino piensas.

—No pienso eso…en lo absoluto.

—Entonces hagamos esta suposición, y dame tu opinión. Si te digo que el próximo paso de la evolución humana es binario, ¿qué papel jugaría el género?

— ¿Te refieres al día que copiemos nuestra consciencia en una computadora?

—Exacto.  

—Que coincidencia; dos amigos me han hablado del tema recientemente. Uno fue el profesor Isaías, que había visto un documental al respecto. El otro fue mi amigo deicidium, que colocó un margen de doscientos años para que suceda.

—Es un margen aceptable. En tu primera exposición, acudiste a lo práctico como justificación de la diferencias de género. Eso hace parte de los argumentos de Butler a favor del género como construcción social.

—Es decir que, ¿en mi intento de minimizarla le doy la razón?

— ¿Y por qué vas a minimizar a Butler? ¿Y sin leerla? ¡Que ambicioso y tonto la verdad!

—Bueno, minimizarla es una expresión errada y estúpida. No puedo minimizarla, pero puedo evitarla. Y también quisiera evadir el tema binario en la naturaleza humana, porque me desconcierta, y porque le considero el fin de la humanidad.

—Seguramente lo será, pero no será el fin de la razón. Esta no es una idea nueva, en lo absoluto. Ya lo decía Stelarc “el cuerpo humano está obsoleto”

—Es precisamente lo que más me desconcierta de todo esto.

— ¿Y por qué te desconcierta?

—Porque mis razonamientos tienen trabas que se inutilizan en un escenario semejante. La primera de todas es cultural, ¿qué sucederá con la cultura? si el cerebro se transforma en un algoritmo será inmortal, y la inmortalidad inmovilizará la cultura ¿Qué sucederá con la política? cuando hablamos de poshumanismo cyborg hablamos de un salto biológico que no estará al alcance de todos los seres humanos. Si me dices que es un salto biológico, evolutivo, hablaremos de dos especies que estarán separadas por su capacidad adquisitiva.

—Entonces tu incomodidad es lealtad de clase.

—En parte, no puedo negarlo, pero yo lo llamaría, en este caso particular, lealtad de especie. Pero antes de hablar del temor al poshumanismo, hablemos del temor a la desaparición de la maternidad.

—Siento que tienes una fijación temblorosa en ese tema

— ¡Claro que la tengo! y parte de la siguiente premisa; tengo treinta años. Las mujeres educadas y cultas de mi generación han decidido casi que unánimemente no tener hijos. Las clases superiores son poco reproductivas, y el estado poco a poco se anula junto a la desaparición de la clase media, ¿Quién va a pagar mi pensión?

Ella no pudo contener la carcajada

— ¡En cualquier escenario, lo más seguro es que no te vas a pensionar!

—Segunda premisa: de proliferar el rechazo a la maternidad, ¿se encargará el estado de la reproducción? ¿Le entregaremos al estado nuestro derecho a la progenie?

—No hay respuestas para eso. Sólo conjeturas. Yo diría que sí, ¿qué hay de malo en eso?


continuará--- ( la parte tres será la final)


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