Adolescencia (2025)

 

Adolescencia, la nueva serie de Netflix dirigida por Jack Thorne y Stephen Graham, me ha recordado que ser niño en esta época es aterrador, y los adultos a lo mejor no imaginamos el gigantesco tamaño de ese terror. Tampoco tenemos idea del peso que le hemos puesto a los chicos con las redes sociales, con la tecnología y con nuestros traumas trasmitidos a ellos a través de la red. Me es difícil imaginar una forma mas cruda y cruel de contar los efectos de los relatos que internet ha creado para contrarrestar el feminismo. Hace un año, cuando empecé mi trabajo docente escuché por primera vez por boca de los chicos del Temach, de Yados, de Quetzal Noah, de Roberto MTZ y otros youtubers y tiktokers de la “manósfera” que utilizan las redes en su contrarrevolución para devolverle a los hombres su “dignidad perdida”. Su resultado es que han creado una ideología que imposibilita a los niños la inocencia a la hora de relacionarse con las chicas de su edad. Eso, sumado a otros efectos que ya cargábamos nosotros como la pornografía y el bullying escolar, son la receta para hacer imposible cualquier forma de afecto. El Internet que creamos y compartimos con ellos lleva años minando cualquier posibilidad de inocencia frente a sus relaciones afectivas. Me sorprendió escuchar a niños de once años hablar de las relaciones con las mujeres con un nivel de desengaño típico de un cuarentón divorciado. Los niños han interiorizado un discurso que no les pertenece (El discurso incel antes siquiera de estar en edad de relaciones, la instrumentalización sexual y la aprobación o desaprobación del sexo opuesto, e incluso la interpretación despistada del discurso feminista por una adolescente) Los que hoy somos adultos y tenemos el recuerdo del terrible peso que implicó en su momento la aprobación social sobre nuestras atolondradas cabezas adolescentes, ¿Imaginamos si quiera lo aterrador que es ese multiplicador del monstruo de la presión social que es Instagram? ¿Qué puede hacer un niño, lleno de inseguridades y curiosidad, lleno de necesidad de experiencia social y afectiva queriendo hacerse una imagen de sí mismo frente a esa multitud anónima de internautas crueles que puede distorsionarte el ego o aniquilarte con un comentario?
La serie es brillante y la cúspide de su herida está en el tercer y cuarto episodio. Pero no la recomendaría para adolescentes sino para sus padres. Hoy las conversaciones incómodas son más necesarias que nunca.

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