lunes, 21 de noviembre de 2016




El hexágono de saturno es una lámpara
 un templo construido por inmigrantes
 un ojo de seis pupilas y seis huracanes
 Girando como un motor de propulsión a chorro
 un motor apagado pues carece de destino
 una flor de fuego en el monte aventino 
Un invierno mas antiguo que la raza humana 
 aguardando los eones y los cataclismos

 Nunca he olvidado el aterrador canto de tus sirenas.

 El ojo de saturno es un hexágono dorado
 Un volcán con seis párpados cerrados
 el otoño de un planeta de sulfuro
vientos volcánicos, tres anillos rotos 
la aureola de un viejo titan pagano
 a quien nadie rinde ya 
los antiguos sacrificios

 Padre saturno, la hoz romana que demacra al tiempo
 y que todo lo desgasta, está sobre mi cabeza
 caelus dominant 
somos sombras de viajeros hermanos que se ahogaron
 otro gigante nos sepultó en los abismos
 Estrellas se derramaron en nuestro génesis
 fuimos semillas de la peste 
Envenenamos los mares
 y devoramos las entrañas de la tierra 

El hexágono de saturno es un saludo 
un invierno de hordas y lámparas de obsidiana
 el usurpador robó tu equinoccio
 y a cambio sólo te ofreció una tormenta
con rayos y gritos en vez de cruces y espinas


 Te exiliamos a un minúsculo fragmento de cielo
 tú, que en un principio todo lo gobernaste 

 Por eso
 cada vez que escuchas “los dioses han muerto” 
en cualquier lengua humana 

Sé que sonríes con melancolía.

sábado, 19 de noviembre de 2016



Con los años he perdido interés en confrontarme con la filosofía. En mi adolescencia, al provenir de una sociedad y de una familia que por sus limitaciones no podía ofrecerme respuestas espirituales e intelectuales acorde a mis necesidades, terminé creándome una especie de filosofía personal, basada en lecturas fugaces y problemas literarios. Como todo un pre-moderno me enfrenté a la filosofía buscando verdades equiparables a la religión. Fui un adolescente problemático que al deshacerse de la religión tuvo más problemas que ventajas. Sin embargo, creo que me hice una identidad irremediablemente práctica. La practicidad fue inevitable porque en esencia, soy hijo de campesinos, no de filósofos.  Una de las piezas base de esa delimitación personal, de esa personalidad que soy ahora es Erich Fromm, la otra seguramente es Sartre. Cuando ambas piezas cayeron yo ya era lo suficientemente fuerte como para mantenerme en pie, o quizá lo suficientemente práctico como para no tambalear si ponía algo en duda de mí mismo.

Algo dentro de mí se sostiene. De algún modo, la pregunta esencial de Sísifo ha sido respondida. Ignoro que es o que provecho podría sacar de ello, ignoro también su fortaleza o perseverancia. Estoy seguro de que no es la voluntad, ni la identidad, ni el alma, o siquiera mi médula. 

Tambalear es problemático, y todos los seres humanos tememos a esas vibraciones. La religión es un soporte efectivo para que muchos no tambaleen, y a veces me pregunto si en algún momento de mi vida acudiré de nuevo a Dios para menguar la desesperación o la angustia. No lo sé; será una experiencia inesperada y terrible. Sartre te habla de la libertad de elección como justificación del yo, Fromm acusa al existencialismo de Sartre de demasiado burgués para ser universal, pero entonces—en mi adolescencia—me funcionó pensar que yo definía mi destino. Necesitaba definir algo para mí, para seguir viviendo. Me fue útil de adolescente declararme existencialista. 

Es primero la existencia y luego la esencia; es decir, existo sin que una voluntad me determine de antemano, así que me corresponde a mí decidir la esencia de mi vida. Ergo, si quería que mi vida tuviese un sentido debía crearme una voluntad a la qué aferrarme.  Yo decido quien soy. Nadie me ha diseñado y no cumplo la voluntad de nadie.

Esto suena anacrónico para ser un problema de la primera década del siglo XXI, pero en mi pueblo natal la modernidad (y por tanto la posmodernidad) aún no existen. Por eso para mí lo anacrónico es un problema estrictamente geográfico, y la filosofía es un problema atemporal, que sólo puede narrarse a partir de los problemas que he ido enfrentando. 


La libertad ofrece incertidumbre; no funciona como principio en sí. Por eso es mejor dejar que otro decida por mí y me libre de la ansiedad de la elección. El mundo requiere decisiones que alguien aterrado con su propia existencia no pude tomar. Pero la libertad como principio también puede neutralizar el pensamiento; la única libertad real está en la incertidumbre de la confrontación constante. Eso no tiene ningún sentido.  

 Respondemos al llamado de cristo “la verdad os hará libres”  fue en ese instante en que que consideramos que una razón podía confrontarse a la oscuridad del mito (que eran todos los mitos que no estuvieran dentro del mito cristiano, cuya limitado campo de acción aprendimos a evitar probablemente 17 siglos después)  por eso el racionalismo no es más que un cristianismo sin cristo, un misticismo ateo. 

La verdad no nos hará libres, nos hará infelices, apáticos

Peor aún; la libertad no tiene sentido por sí misma. Debe servir para algo. Sólo es un objetivo romántico, un fin en si cuando carecemos de libertad. La libertad requiere de una voluntad de ser libre. La libertad sin voluntad es una indeterminación apática.

La voluntad requiere una identidad, un deseo.

El deseo y la voluntad, incluso la identidad son valores que hoy parecen abstracciones sin sentido. 

Explotamos la voluntad y el deseo, lo convertimos en estadísticas mercantiles. La reacción natural a esto, la apatía es extremadamente dañina para la existencia, tanto del individuo como de la sociedad.

Mi experiencia de lo que es Oscar Corzo está desvirtuada, y a veces se desvanece. A veces soy muchas cosas. Cada vez que leo olvido quien soy, y si la lectura es penetrante despierto con una pequeña crisis de identidad. 

desvirtuada mi identidad, termino con una reacción de angustia frente a las historias. Eso ha dificultado mis lecturas en los últimos años ( eso y mi ansiedad conceptual, mi incapacidad para ser paciente y disfrutar del paisaje)

 Soy un cumulo de información con memoria y con una conciencia del presente. Ni siquiera mis átomos me pertenecen, y sin embargo el mito de la propiedad, de lo mío ( de que estas palabras me pertenecen) de lo que soy me resulta útil para sentirme tranquilo. 

Técnicamente el problema es circular; debo volver a preguntarme cual es el sentido. Es el que yo desee—dijo Sartre—pero yo carezco de deseos.

Es el que decida el amor—dijo Fromm—pero sin deseo el amor pierde significado.

La verdad y la identidad son ilusiones. Como ente limitado apenas y puedo con un trozo de verdad, con una interpretación de los hechos. 


La razón a veces es un callejón sin salida. 

Ciorán se burla de estos sinsentidos sin atreverse a proponer nada; sólo los deslumbra y los profetiza. 

Creo que incluso los hombres menos educados de mi tiempo se han confrontado con esa incertidumbre. No lo han hecho racionalmente, lo han presentido cuando se deshacen de sus soportes. Todos los hombres religiosos cuando consideran por un instante que sería de la existencia si dios no está ahí han tenido el mismo escalofrío. Ese escalofrío es el mordisco de la muerte. La futilidad del hombre cuando la existencia sólo se justifica con la muerte.

Indirectamente a veces llego a una conclusión análoga a la religión. A veces el dios cristiano se confunde con el universo y el universo se confunde con dios. La tranquilidad, la ataraxia de la religión proviene de la confrontación contra el mundo, pues necesitamos que algo nos recuerde que no estamos solos y que no somos un ente aislado de la realidad y del mundo. Las religiones nos recuerdan que no somos sólo conciencias. Hay una estructura racional, funcional  a nuestro alrededor. 

El misticismo ateo que más me ha importado proviene de Sagan y su interpretación de la identidad, de la especia humana y la existencia desde la astrofísica. 

Esa sensación de insignificancia que obtenemos al sabernos finitos, insignificantes frente al universo, al reconocernos como simples observadores “motas de polvo” como dice la biblia, mientras nos enfrentamos a una lógica que no nos requiere y que sin embargo nos envuelve ( podemos llamarla dios si se nos da la gana)  sin importar si su voluntad la determinan un cúmulo de ecuaciones o un libro plagado de sentencias y directrices de comportamiento… como animales racionales, como huérfanos ya no de dios si no de la inconciencia de la materia y de la inacción ( es normal que la materia que cobra movimiento y conciencia se sienta asustada de si misma y quiera autoexplicarse) necesitamos que un mito nos recuerde que no somos seres extraños y que en realidad tenemos un lugar en el universo y un suelo firme sobre el cual sostenernos.

En realidad, la individualidad y la razón no nos son gratas, y requiere de un esfuerzo utilizarlas, enfrentarnos a ellas con valentía.

 Es muy fácil deshacerse de la razón; no nos gusta la incertidumbre. Por eso no creo que la razón sea la principal característica del ser humano. Creo  que es su temor a la soledad. Su temor a no sentirse parte de algo, pues cuando este temor aparece, el hombre puede desentenderse de la razón con facilidad. 

Es decir, de nada sirve la consciencia de los grandes discursos, de su igualdad e inutilidad, si esa consciencia nos lleva a la inmovilidad y el ostracismo. Dios no ha muerto ni morirá. Tampoco los grandes discursos han muerto, ni el nacionalismo, ni el racismo o la religión. Mientras tratemos de negar nuestras debilidades basándonos ingenuamente en el mito de la razón, la historia seguirá siendo circular, un cumulo de errores reincidentes. Podemos decantar entre los mitos aquellos que nos sean útiles. Yo por ejemplo destaco entre los demás el mito de la especie humana.

La religión nos dice que la vida es una ilusión. Quizás lo sea (esa conciencia de la ilusión me recuerda a la teoría de la simulación y a los discursos finales de Bill Hicks; la vida sólo es un paseo, y creo que así como todos partimos de la misma incertidumbre, en el fondo buscamos la misma tranquilidad) pero no perdemos nada tomándonosla en serio.

martes, 15 de noviembre de 2016





En el 2011 leí “ha vuelto” de Timur Vernes y su argumento me resultaba entonces divertido aunque inverosímil; aún  fresco el recuerdo de la crisis del 2008, me resultaba un poco extraño que se olvidara fácilmente la responsabilidad de la especulación financiera y simplemente se acudiera a culpar a inmigrantes y foráneos como responsables del desplome. Creo que olvidé o no comprendí la crítica al establecimiento que realizaba Vermes en boca de su "Hitler-personaje" hacia los medios como representaciones del establecimiento liberal.  Después de todo el nacionalsocialismo es la derrota del liberalismo económico (lo era en la década de los 30 y lo es ahora) y yo en el 2011 aún me consideraba un liberal convencido. Por tanto, un resurgimiento de la ultraderecha me resultaba simplemente absurdo e inconcebible.

En el 2016 pienso distinto. En algunos aspectos Trump no me tomó por sorpresa.  Sin embargo, estoy lejos de comprender todo lo que quisiera comprender.

 Además voy a confesar algo; siento más aversión por Hillary Clinton que por Donald Trump.

Así que debo remitirme constantemente al racismo para recordarme por qué el discurso de Trump no tiene cabida en este momento. Luego tenía que cuestionar esa primera frase “no tiene cabida en este momento”  pues una época es naturalmente el resultado de sus confrontaciones. En cierto sentido, si un discurso sigue generando debate político, no puede considerársele descontextualizado o anacrónico. Sencillamente no hemos superado (aunque creamos que si con mucho orgullo) el racismo y la homofobia.

Es más, creo que nunca los superaremos. No como colectivo o como especie. Esta idea desmorona también el concepto de la globalización. Trump representa ese desmoronamiento en lo económico y en lo social.

Es prematuro sin embargo decir que concepto prevalecerá.

Creo que Trump no es una causa, es un síntoma. Esa fórmula “causa no síntoma” la he repetido aquí hablando de muchas otras cosas (las farc, Ordoñez) ahora bien, creo que la continuación a los próximos diez años del liberalismo económico será muy difícil. El liberalismo le propone al mundo entero un salto al vacío, y sus soportes de confianza son demasiado etéreos.  La globalización avanza centralizando más y más los capitales, reduciendo las fábricas y concentrándolas  en china y países cercanos. Las fábricas son el símbolo del liberalismo económico. Su partida hacia china es el principal síntoma de la incertidumbre.

La economía dejó los puestos estables, la promesa del empleo fijo como generador de estabilidad social, y plantea un concepto de movilidad e incertidumbre que no le gusta a todo el mundo. Esto también representa la desaparición del estado de bienestar, en muchos sentidos. El millenial es el ciudadano ideal del salto al vacío que propone el capitalismo contemporáneo. Esporádico, volátil, superficial y sin raíces. Muy pocos seres humanos nos adecuamos a esas condiciones.

La concentración de la mano de obra en china le deja un solo campo de acción a occidente, que suele llamársele “innovación” por tanto, se hace énfasis en la educación y en el emprendimiento. El problema es que las cifras no necesitan demasiados emprendedores. Más aun cuando la educación se encarece y el emprendimiento tiene una mortalidad alarmante. La concentración de las fábricas en china ha generado el aumento progresivo de la informalidad en todo el mundo. 

Es normal que los cambios generen estragos y que la economía necesite algunos años para remplazar los puestos de trabajo que se pierden en un lado y los remplace por otros. Aquí entran a participar los millenials al relevar a la generación que va de salida, votantes  más activos y más acostumbrados a la estabilidad laboral como símbolo de bienestar económico. Esto empeorará dramáticamente con la inteligencia artificial (que temo acabe con la mayoría de puestos de trabajo del mundo) el economista prevé esto y sabe que durante algunos años las cifras serán malas pero supone, mejorarán con el tiempo. El trabajador no visualiza esa esperanza. Es difícil que lo haga.

Ahora bien, la antiglobalización ha sido una causa notable en Trump y un buen motivo para explicar  por qué  la gente salió a votar por él. Es un problema que los medios y la clase política tratan de invisibilizar, pues no tienen una solución para él, y lo aceptan como un daño colateral del que es mejor no hablar “en algunos años, se recuperarán esos puestos de trabajo” dicen los políticos. Estoy seguro que no tienen idea de cómo hacerlo.

De no haber rescatado bancos en el 2008 con dinero público ( o haberlo hecho priorizando a las deudas de la gente y no  las deudas de los bancos) probablemente esto no habría sucedido. 

El problema es que Trump no es una persona idónea para solucionar o siquiera enfrentar el problema de la globalización. Muchos de sus postulados sobre el proteccionismo recuerdan a los años previos a la crisis del 29. Una guerra de aranceles desestimulará la economía y llevará a muchas empresas a la quiebra.

La guerra contra los inmigrantes y el cambio climático tampoco tiene ningún sentido. Aunque expulsar inmigrantes le de apoyo popular y negar el cambio climático le permita soltar las trabas ambientales a la industria ambas decisiones tendrán un costo monetario altísimo a mediano plazo.

¿Y qué hará cuando fracasen sus políticas económicas? Sin duda buscará a un enemigo al cual culpar de sus errores. Dio señales de tomar una decisión semejante cuando culpó a los medios de organizar las protestas actuales en contra de su elección. Esto es una señal  muy clara de desconocimiento completo al electorado que le es contrario. No son contradictores para él. Son enemigos que conspiran en su contra.

Ojalá me equivoque, pero supongo que en una economía deprimida optará por la guerra para recuperar credibilidad (es la salida fácil a la que acudiría cualquier populista si la economía se pone difícil) 


La gravedad de esa guerra depende del tamaño de la crisis.

martes, 1 de noviembre de 2016




Los blogs son hoy en día un vestigio romántico de los inicios de la web 2.0

En el 2012, los mejores blogs que podían encontrarse habían sido abandonados entre el 2006 y el 2009. Esos fueron los años dorados de blogger.  Ya entonces me quejaba de eso (creo que hay una entrada al respecto por aquí, cuyos argumentos mas vale no repetir) pero la situación con el tiempo se ha vuelto un poco dramática. De los 76 blogs que seguía entonces, sólo unos 5 persisten en sus actualizaciones (fogonazos, nueva era 66, escribir como un loco y la tertulia la embarrada, ocasionalmente; casi todos amigos míos)  Hubo un momento corto en el que blogger y wordpress pudieron alimentarse de las nacientes redes sociales, pues estas funcionaban como intermediarios. Hoy en día las redes sociales son un ente en si, y poco flujo de información sale de ellas. 

Sin embargo mi blog es una contradicción; en aquellos años no juntaba dos mil visitas en un año. Hoy tengo ese número de visitas en un día. Nunca antes mi blog había sido tan leído. 

Pero como mencionaba, poco sale de las redes sociales. Mi principal fuente de visitas son las búsquedas de google.

Hoy en día escribo por la misma inercia que escribía en aquellos años dorados del blog. Con menos constancia, si, pero procuro escribir mejor, y buscar temas más pertinentes. 

La muerte de los blogs ( sentencia dramática e injusta ) para mi no es una queja por falta de lectores, si no por la ausencia de interlocutores comunes. Siento nostalgia por la lectura de grandes blogs, de pequeñas comunidades en torno a un punto común.  Gente que se queje y que comente,  que interactúe, que diga algo pertinente, que inicie un hilo importante, pero soy muy consciente de que esa premisa resulta injusta en un tiempo en donde estamos llenos de celebridades web que son llamados bloggers y que tienen millones de seguidores. 
Hace algunos meses tenía una entrada pendiente con el tema elmundo.es vs elRubius. La subiré más adelante. 

(Puede decirse que el videoblog de youtube es una evolución muy interesante del blog, para el que sin embargo no soy apto.  La cámara me aterra. Siento interés en cambio por el postcast para difundir audio ( creo que lo intenté por allá en el 2011, pero mis amigos se burlaban de mi voz impostada)

Además, alguien que se ufana de escritor no tiene nada que hacer en youtube…

Quiero hacer un par de aclaraciones. 

Gran parte de la idea nostálgica de la comunidad web que trabaja en común acuerdo, armónicamente proviene de comunidades técnicas o científicas, de temas de tecnología e ingeniería donde las opiniones son poco relevantes, donde los egos de sus usuarios suelen ser relegados a un segundo plano. 

Las comunidades que giran en torno a política, las humanidades o el arte son agotadoras, conflictivas, violentas y ciertamente insoportables. La mediación de egos hace imposible la comunicación.  El ejemplo clásico son los comentaristas de las noticias que frecuentan el espectador.com y semana.com.

Mi único punto de referencia sobre foros de humanidades que funcionan proviene de un viejo lugar que frecuentaba en mi adolescencia llamado “artereal” dedicado al estudio de la masonería donde había una altura intelectual estupenda. Todos los tópicos se trataban con muchísima altura, los haters no existían y la ironía era mordaz pero respetuosa. 

¿El concepto comunidad se ha transformado en realidad?

En realidad se ha universalizado. Facebook y twitter son dos comunidades web. La primera naufraga en la irrelevancia, la segunda también, pero sólo en 140 caracteres. En realidad la comunidad web no ha desaparecido, se ha universalizado de tal manera que se volvió invisible.

Y todo lo que podía ser importante se invisibilizó también en medio de la multitud.
Si las comparas twitter parece más intelectual, pero esa separación es circunstancial y etérea. 

Las páginas de facebook son comunidades web que siguen considerándose como tal. 

 Estas comunidades expresan  mejor que nada la memificación de internet. Todos los tópicos de discusión son memes,  TODO se reduce a eso. 

El blog requería (requiere) un ejercicio intelectual más complejo, y en ello radica su impopularidad comparada.

En el 2009 uno de mis blogs favoritos era cinismo ilustrado, propiedad de Sallesino. Sallesino abandonó blogger hace algunos años, y se trasteó a tumblr. 

Cualquier persona con tacto audiovisual habría hecho lo mismo entonces, pero cinismoilustrado.com es hoy un lugar abandonado. Sallesino dejó el formato blog y se convirtió en un admin de página de facebook. Además fundó pictoline, que genera contenido a uso y medida de twitter.

En muchos aspectos tumblr es la máxima del blog tradicional, y por ende la cúspide del declive. Tiene las mejores herramientas para escribir, compartir y seguir, en términos generales es el único lugar que conozco que pueda catalogarse como una comunidad de bloggers,  además carece por completo de la censura de facebook y twitter,  pero su mayor problema es  que muy poco fluye desde google a tumblr.

Mi blog sobrevive gracias a esa interacción. Blogger pertenece a google, y en búsquedas generales lo privilegia.  Tumblr es una isla aislada, e incluso puede que esté más deshabitada que  google+


Por salud mental uno debería evitar a los comentaristas de noticias en internet, y sobre todo, los administradores de estos portales deberían impedir el uso de sus plataformas para algo semejante. 

 El blog de mi amigo Santiago está a punto de llegar al millón de visitas, y fogonazos debe conservar un flujo que pasa de los dos millones mensuales. 

En términos generales los blogs no han muerto, pero la selección natural ha sido despiadada. 


posdata:
 1) Este blog cumplirá en enero seis años. Hoy suma 460 mil visitas. Durante la mitad de su vida no superó las 30 mil.

2) El blog en habla inglesa  y alemana conserva su salud original, y hasta donde he entendido se diferencia bastante del videoblog. Es muy fácil encontrar blogs en inglés que superan el millón de visitas mensuales. 

3) Este blog sobrevive porque creo firmemente que hay que resistirse a la memificación de la vida.

viernes, 14 de octubre de 2016




Siento un profundo cariño por Philip Roth, De él aprendí la profunda complejidad que tiene lo cotidiano en la literatura. La verdadera desnudez de la sociedad norteamericana la conocí con Roth, y en lo posible, he tratado de desnudar el mundo que me rodea de una manera semejante desde que lo leí, buscando esa misma verdad universal que exhibe en sus libros ¿con qué objetivo? La compleja e inevitable pregunta, el objeto de una obra, terminó para él en una conclusión llena de preguntas difíciles que seguramente ya no responderá. "Me equivoqué. He llegado al final del camino. Ya no tengo nada más sobre lo que escribir" le dijo Roth a la BBC en el 2012. Entonces tenía 74 años. 

 Soy tímido y muy conservador en mi vida privada, y por tanto la desnudez me resulta muy incómoda. Exhibir las llagas de mi crianza, de mis prejuicios y de mi sexualidad no me resulta interesante como material narrativo, pero Roth hizo lo suyo con el lamento de portnoy, una novela que según la crítica desnuda al judío de mediana edad norteamericano, pero que en mi opinión desnuda a todos los hombres de la segunda mitad del siglo XX. Pastoral americana hace lo mismo con la familia, con sus elementos morales, pero en mi biblioteca personal, el libro más frecuentado de Roth es “nuestra pandilla” todo un manual de sátira política inspirado en Nixon pero tremendamente cercano a mí gracias a la era sombría del uribismo colombiano.

 La literatura es amplísima y va siempre más allá de los Nobel, cuyo sentido, al menos personalmente, siempre he sentido como un reconocimiento a los exploradores de la condición humana, pero si entendemos la literatura como simplemente “la exploración naturalista y clásica de la condición humana” siento que dejamos de lados aspectos fundamentales que pese a las apariencias, también contribuyen al reconocimiento de nuestra naturaleza. La ciencia ficción sobrevive en la historia con lectores apasionados y no ha necesitado del  estímulo del Nobel para sobrevivir. Asimov y Bradbury son mucho más leídos que algunos ganadores (incluso recientes) del nobel. Así que, ¿para qué preocuparse? 

Y no es mi intensión, por cierto, medir el pene de los escritores partiendo de sus lectores. Algunos cuentos y diálogos de Asimov son absolutamente magistrales y están para mi al nivel de diálogos de Dostoievski o Tostoi. Mi ejercicio favorito para pensar la condición humana proviene de la inteligencia artificial de Asimov, especialmente en algunos dialogos de la Saga de la fundación. 

En lo personal no me incomoda el Nobel a Dylan, pero tampoco soy un seguidor de su trabajo. Debido a su fama de poeta y de juglar, he intentado escucharlo en el pasado, sin ningún éxito. La importancia de su contexto, el lenguaje de la no violencia, su papel como autor de himnos generacionales se me escapa por completo debido a mi desconocimiento de su momento histórico. Si me preguntan a mi, no creo que sea el mejor letrista del rock, ni mucho menos.  

 Pero en estos lados no importa quien lo haga mejor si no quien lo hizo primero. Fue él quien le dio al rock una preocupación poética y quien le entregó al contenido lírico un criterio intelectual. Vale, eso es muy importante. Si me preguntan a mi las fronteras entre las artes son extremadamente difusas y no siento que exista mucha diferencia entre la creación de una canción y la creación de un cuento. Son, para mí,  formas distintas de acariciar la misma abstracción.

 Pero una frase de amigo deicidium me dejó pensando en este premio a Dylan.  “es como si escupieran a la cara a todos los escritores vivos”

 Los últimos dos premios Nobel, el del 2015 (Svetlana Aleksiévich) y el del 2016 (Bob Dylan) son obras fuera de la novela. El premio de Svetlana, no ficcional, más cercano a la crónica, no levantó ninguna resistencia. Al fin y al cabo era un libro. Si alguien me dice que solamente los libros, las novelas realistas, naturalistas, introspectivas, profundamente humanas, sólo ellas son literatura me sentiría incómodo, y además sentiría claustrofobia. Es probable que si un escritor sueñe con que un día merecerá el Nobel deba dejar a un lado la ciencia ficción, la literatura policíaca, o la literatura fantástica, y asignarles a todas estas posibilidades un rol de literatura menor con la cual no deba mezclarse para permanecer puro. Si tu interés es el Nobel, debes renunciar a todos los brazos más apasionantes de la literatura y quedarte inmóvil en el tronco del árbol, sonriendo con incomodidad.

 Bajo estas condiciones es normal que afirmen que la novela está muerta. Y también son comprensibles las palabras de Roth “ he llegado al final del camino” 

el Nobel es un estímulo a la literatura, no su fin en sí. Pero supongamos lo contrario por un segundo, y supongamos que hay autores cuya meta es el nobel en sí. Si los últimos premios invitan a los autores a la reinvención de lenguajes y formatos, bienvenidos sean los cambios. 

La novela es la obra que determinó el nacimiento del arte en la individualidad, y la individualidad encuentra su mayor expresión en la novela, en su intimidad y en su soledad. Mientras exista individualidad existirán novelas. Desde el prólogo de Bola de Cebo de Maupassant (1880) los críticos se desgarran las vestidura anunciando la crisis de la novela, glorificándose con su muerte.

 Y como grita Petro, “¡no pasarán!” Es el Nobel el que existe para la literatura, y no existe ( no debería existir) la literatura para el Nobel. La crisis constante de la novela es el llamado a la reinvención. La novela estará realmente muerta cuando nadie hable de la crisis de la novela, cuando nadie sienta o piense que los lenguajes deben reinventarse nuevamente.

 Roth tiene en su rostro algo del rostro de mi abuelo. De un modo similar, Kafka tiene algo en el rostro el rostro de mi padre. Me hubiese gustado que Roth ganara el Nobel para que entendiera que el camino no ha terminado. Ojalá sea en otra ocasión.

martes, 20 de septiembre de 2016





En 1958 el antropólogo estadounidense Malvin Harris asignó el término “psicosis del Wendigo” para describir los impulsos criminales sobre el consumo de carne humana. Harris extrajo el concepto de la mitología de los pueblos algonquinos precolombinos, que habitaron la región de los Grandes Lagos entre Estados Unidos y Canadá.  El mito ya había sido estudiado por Carl Gustav Jung cuando buscaba un objeto mitológico que definiera el arquetipo del antropófago, y concluyó que aunque en la mayoría de pueblos amerindios existe una criatura monstruosa relacionada con el consumo de la carne humana, el mitema es en realidad exclusivo de América y tiene muy pocas referencias en otros continentes.

 Para los aborígenes norteamericanos, el Wendigo es una deformación del ser humano que ha cometido el pecado de la antropofagia.  Este mito cobraba importancia pedagógica durante los inviernos más duros, donde la caza escaseaba y la agricultura era nula, pues para los algonquinos el canibalismo era un tabú inquebrantable. Los wendigos suelen ser descritos como humanoides enormes, malévolos y adictos a la carne humana, que vagan por los bosques y cuyo poder como espíritus naturales se incrementa con el invierno, las hambrunas y la escasez.

En Mesoamérica tenemos muchísima información sobre del canibalismo ritual.  En el folio 43 del Códice Magliabechiano (perteneciente a la cultura azteca)  destaca una imagen donde nueve personas comparten los despojos de un ser humano, liderados por una criatura cuya fisionomía es muy similar al wendigo algonquino. Para los estudiosos, la figura en la imagen se llama Itzpapálotl, cuyo nombre significa “mariposa de obsidiana” Itzpapálotl es una criatura de género femenino, con forma de esqueleto huesudo,  cuernos y calavera como rostro y garras de jaguar.

Este aspecto común reincide en distintas mitologías de todos los rincones de América. La relación entre la criatura y las hambrunas también es reincidente. Para los aztecas y los mayas, el canibalismo también estaba atado al vigor en la guerra y la destreza en el combate. En plena batalla, los guerreros exhaustos abrían a su contendiente y devoraban exclusivamente su corazón, para adueñarse de su espíritu de lucha.

Quiero destacar una diferencia importante entre los mitos tratados; para los algonquinos el Wendigo es un mito pedagógico que convierte en tabú el consumo de carne humana, mientras que para la cultura mesoamericana institucionalizó y le dio un sentido ritual al canibalismo.

Sin embargo, existen diferencias de fondo que deben separar el canibalismo por necesidad (históricamente ocasional)  el sacrificio humano ( practicado en casi todas las culturas antiguas) y que en el caso de los aztecas, Fray Bartolomé de las Casas catalogó como “signo de gran religiosidad” y el asesinato ritual en el sacrificio, que incluso fue celebrado en Roma hasta el 97 a.c .Sin embargo, es significativo que el canibalismo fuese tabú para los pueblos más allá del trópico de cáncer y que fuese practicado con cierta libertad por los pueblos por debajo de la misma línea.

La función del mito algonquino nos indica que hay una tendencia natural al canibalismo que debe ser censurada pues pone en peligro la supervivencia total de la tribu. Es fácil especular que esta condición resaltó la debilidad demográfica de un pueblo sometido constantemente a duros inviernos y agricultura decaída. Por tanto, el mito procura evitar la extinción de una población. Más al sur, los anasazi practicaron el canibalismo con cierta constancia. Mucho más numerosos, prolíficos y guerreros que los algonquinos, se encontraron signos reiterativos de rituales religiosos en el siglo XIX que incluían el consumo de carne humana.

Pese a las diferencias, existe un punto en común; el vigor. El Wendigo es la personificación de la violencia, de la gula. Aquellos que devoraban el corazón de sus enemigos querían vigor y capacidad de guerra. La palabra caníbal está íntimamente relacionada a la palabra Caribe desde el segundo viaje de Cristóbal colón. El fuerte Navidad, dejado por Colón en su primer viaje a  Centroamérica, fue devorado por los “Caribe” según relatan sus propias notas personales. 39 personas fueron devoradas, dejando a su paso emplazamientos donde habían piernas, manos y cabezas sobre hogueras de asado.  Pero ¿qué significaba para los caribe el consumo de carne humana? Para Harris la antropofagia era una consecuencia de la ausencia de rebaños o grandes presas de caza. Los estudios posteriores de ADN demostraron que las tribus caníbales viajaban a zonas aledañas para conseguir presas. Es decir, no consumían a los suyos, sino a los extraños. No había necesidad de un Wendigo que sirviera de advertencia. El wendigo en Centroamérica era por sí mismo un estado deseado de lucha.

En la novela “Viento seco” de 1953, el escritor Daniel Caicedo trató el tema del canibalismo en el conflicto colombiano encarnándolo en uno de sus villanos, un militante conservador llamado “La hiena” que arrancaba el corazón de sus víctimas y luego lo devoraba, en medio de un pequeño ritual de influencias indígenas y santeras. Siendo los pájaros radicales conservadores y fanáticos cristianos, es muy difícil imaginar una tolerancia semejante a un comportamiento en sus filas—aunque la carnicería no les fuese extraña en ningún sentido— pero puede que la constancia y simultaneidad de los rumores tengan un significado que va más allá de lo demostrable históricamente. Otros rumores constantes se han encontrado en las narraciones contemporáneas sobre el paramilitarismo, de las que sólo una historia ha podido confirmarse hasta el día de hoy, la de William Gutiérrez Saldaña, alias ‘Llanero’, jefe paramilitar del Meta, que en el 2003 cocinó y devoró junto a sus cómplices el cuerpo de dos miembros de otra banda criminal. La naturalidad de este caso, su grabación en video y la naturalidad del testimonio hicieron creer a los investigadores que no fue el primer caso en el que participó alias el Llanero.

Ni en la década de los 40, ni en el año 2003, existen evidencias de escasez de presas de casa, rebaños o similares. El canibalismo contemporáneo no tiene una explicación matemática. Puede que tampoco la ecuación que relacione  causa y consecuencia tampoco exista para los aztecas y los anasazi, salvo una posibilidad; los rituales religiosos que hoy llamaríamos magia negra.  

La explicación ritual, más oscura  pero menos documentada, es extremadamente visible en el caso de alias el Llanero. Según informes de la fiscalía documentados por semana.com, alias el Llanero fue discípulo desde los once años de alias Cuchillo, otro jefe paramilitar con fama de descuartizador, que usaba a la abuela de alias el Llanero como hechicera personal.

Frente a todas las explicaciones irracionales para explicar el comportamiento del Llanero, la que menos irracional me resulta es la de brujería. En esta explicación confluyen todos los mitos tratados. El corazón de las víctimas “fortifica”, “revitaliza” dice Caicedo hablando de la Hiena. ¿Es la brujería el conector entre el canibalismo y el paramilitarismo?  El libro “Magia, brujería y violencia en Colombia" del antropólogo Carlos Alberto Uribe lleva los orígenes de la brujería a la guerra colombiana a tiempos incluso previos a la violencia partidista. Rituales antiquísimos, sincretismo religioso y fanatismo hacen parte importante del conflicto colombiano. En todo este arcoíris de tonos oscuros se encuentran elementos de antropofagia latentes, comentados, murmurados, debatidos pero  muy poco documentados.

Jung escribió en 1936 Wotan, un polémico ensayo donde insinuaba que Hitler encarna el arquetipo del dios Wotan, representante y cuerpo físico de un espíritu colectivo que afloró en el nacionalsocialismo y que consumió Europa. El dios errante, el murmullo del bosque virgen, el dios cazador fueron los símbolos que Jung utilizó para afirmar que Wotan era un arquetipo germánico y  que Hitler era su representación. 

Los arquetipos son representaciones simbólicas que se encuentran en el inconsciente colectivo. decir que Hitler era la encarnación del Wotan es decir que hay algo de Hitler en toda la sociedad que lo rodeó. Él canalizó aquella pulsión y la materializó. Él fue un exégeta del espíritu de la destrucción que Wotan simbolizaba.

En la misma lógica, el paramilitarismo, sus oscuras ambiciones y características, todas sus sombras confluyen en Alias el Llanero, encarnación del arquetipo del Wendigo. 


domingo, 11 de septiembre de 2016



Alguna vez leí una columna de Abad Faciolince con un postulado similar a este; 220 mil muertos son en realidad pocos para 50 años de guerra. Nuestro conflicto puede catalogarse como de “baja intensidad” además, el país no ha sido afectado uniformemente, en cambio, la ideología del conflicto si ha sido uniforme gracias al gobierno de Álvaro Uribe (que obligó a casi la totalidad de los colombianos a  tomar partido, con un ánimo visceral, de un modo u otro)

El conflicto ha permitido que el Estado colombiano padezca de múltiples malformaciones que se han agravados gracias a un estado de sitio permanente. Muchos políticos han usado esto como excusa para extralimitarse sin ser repudiados por sus votantes.

Como N político promete solucionar el problema Z (principal) aceptamos que contribuya o genere el problema Y (que consideramos secundario)

Hasta ahora, no hemos entendido la corrupción como una forma de violencia, debido a que padecemos violencias que suponemos peores.

Desde la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, los nuevos liderazgos han sido pocos y los apellidos presidenciables han sido reincidentes. Un efecto secundario de la oligarquía es que gran parte de los ciudadanos ven al Estado como un negocio externo a ellos del que otros se aprovechan. La única forma de interactuar con él es aprovecharse también, cuando existe la oportunidad.

Esto ha legitimado la corrupción en el pensamiento popular, y por tanto la inoperancia del Estado, que a su vez incrementa la sensación de separación entre ciudadano – Estado.

¿En qué puede ayudarnos el acuerdo de paz para interrumpir este bucle infinito? En que purificará las discusiones políticas. Podríamos discutir temas distintos a la guerra, las FARC, el gasto militar y otras guerrillas. En realidad eso implica: apenas y nos libraremos de uno de nuestros problemas.

A puertas de una reforma tributaria, sería bueno pensar en una optimización del estado en el pos-posconflicto, empezando por una reducción  natural del gasto militar y la disminución y progresiva desaparición del apoyo financiero y logístico a las víctimas.


Algo bueno del plebiscito; se ha escuchado  muchas veces la expresión “ no quiero que hagan eso con MI DINERO” cosa jamás escuchada antes en este país.

220,000 muertos en cincuenta años son pocos para suponer que la sociedad colombiana pueda sentir que ha tocado fondo, o para afirmar que los 48 millones de habitantes han sentido de algún modo los efectos del conflicto. En comparación, otras naciones golpeadas por la guerra han buscado de un modo u otro el exterminio total del contrario, lo que los lleva a tomar conciencia más rápidamente y recapacitar sobre las formas ideales de lucha—Esto hace parte del razonamiento de Faciolince

A pesar de la mezquindad del argumento, últimamente no me resulta descabellado, sobre todo al escuchar argumentos del NO.

Por otro lado, entiendo que los defensores del No piensan que es posible una derrota total militar a las FARC transcurrido x cantidad de tiempo,  y el costo de ese tiempo no les parece relevante.

Esta ecuación requiere de un acto de fe, en mi opinión, desproporcionado ( las estadísticas son su principal enemigo)

Allí viene de nuevo el problema de la poca uniformidad de los costos. Cuando una familia sufre una extorsión, y este es su único efecto negativo del conflicto, es lógico que sólo quiera redimir su cuota de injusticia y este daño no les parezca político. De un modo que podría catalogar de enfermizo, el conflicto de baja intensidad ha permitido que la sociedad se acomode a él, al punto que la vida militar es considerada una de las fuentes más estables de sostenimiento.  Mientras algunos batallones del país son hostigados y los militares corren peligro constantemente, hay otros donde pueden vivir holgadamente. 

Es como la lotería, diría una madre de barrio.

El contribuyente acepta de buena gana que un tercio de lo que contribuye al  país se destine a la guerra. Es, de hecho, el porcentaje que más le enorgullece, pues tiene la certeza de que los otros dos tercios serán robados o desperdiciados.

¿Será posible pensar nuestra situación sobre los acuerdos de paz sin partir de ningún punto de vista ideológico?

Supongo que ahí está mi primer error; juzgar el proceso sin ideología es ya tomar un partido. Razonar los argumentos es también tomar parte, pues uno de los bandos ha elegido un punto de vista lleno de prejuicios y criterios religiosos. Razonar con un prejuicio es prácticamente imposible.

Tampoco quiero penalizar el prejuicio, que aunque útil socialmente resulta inútil en la política. Sin embargo, acepto cierta equivalencia entre el acto de fe que implica que las FARC actúen bien, y el prejuicio que implica la certeza de que actuarán mal.

Para la religión cristiana, la negociación con el mal no tiene sentido, y puede catalogarse como corrupción. Sin embargo, hay ciertos elementos en la religión (como el perdón, el arrepentimiento y la confesión)  que pueden ser útiles para salir de este problema.

Uno de los argumentos más importantes: (en mi opinión) una buena parte de los políticos que defienden el NO se han enriquecido gracias al conflicto. Temen las reformas del acuerdo pues saben que afectarán duramente sus negocios (ej: Lafourie y Cabal) Estos políticos, como es natural, no tienen otra alternativa más que inyectar mentiras a la discusión.

No sé si tomarme en serio la discusión sobre la justicia, pues como colombianos, estamos perfectamente acostumbrados a su inoperancia. Uribe ya demostró de amnistiar a 30 mil delincuentes y no exigirles nada a cambio disminuye los indices de violencia. Muchísimos ex paramilitares han sabido aprovechar muy bien su segunda oportunidad. Yo he conocido varios ejemplos.

¿Y la amenaza del chavismo? que el chavismo se transforme en amenaza y no exista la guerrilla es lo mejor que le podría suceder a este país. A lo mejor, para evitar que suban al poder, los políticos tradicionales tengan que trabajar por los colombianos y no para ellos mismos, al menos por una vez.
 
Twitter Facebook Tumblr